martes 24 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Temas Urbanos

Urbanidad urbana.- Suena a pleonasmo, pero busco recordar que la urbanidad es un estilo social de vida que creció con el ascenso de los asentamientos urbanos desde el siglo X, ponderado como superior a lo rural tosco y burdo.

Con el tiempo el concepto se desvirtuó; fueron las clases altas urbanas las encargadas de imponer su cultura de arriba a abajo llamándola urbanidad, de buen recibo modal separando de paso lo 'in' y lo 'out', lo delegante y lo indecente. Prefiero seguir empleando el concepto referido al hábitat en la ciudad, en el empeño por contribuir a salvarnos de ella dados los grados de ciudad salvaje a los cuales se llegó.

Así, educar para la ciudad resulta hacer urbanidad; se trata de estimular los comportamientos que más se adecúen a la convivencia urbana porque, queramos o no, aquí continuará desarrollándose la 'civilización' al menos durante este siglo que comienza. Si la mejor forma de salir es no haber entrado, absurdo quedarnos llorando sobre la leche derramada y si olvidar es repetir, tampoco podemos seguir despreciando la experiencia histórica; seguimos haciendo ciudad como si estuviésemos en el primer día de la creación –en el año de Darwin se aprecia una fuerte arremetida política de la derecha por devolvernos al creacionismo-; sin embargo, frente a medidas como el pico y placa de un día, en este mismo diario han salido alternativas que no pueden despreciarse: la sincronización de los semáforos que andan en un despelote de la madona, alternar horarios de apertura y cierre en las entidades públicas y privadas, el control a la venta de transportes individuales favoreciendo el transporte masivo digno, así como indispensables medidas estructurales, por eso mismo más difíciles sin voluntad política para cambiar a otro modelo, que ataque la mendicidad y los tugurios con empleo también digno, más allá de programas puntuales de caridad cristiana, solución pasajera y manipulación política como 'Familias en Acción'.

Estamos en mora de iniciar una gran campaña de urbanidad, entiéndase convivencia en la ciudad, para salir de la selva de motos por las aceras, autos estacionados en cualquier parte, taxistas sin lugares definidos y adecuados para esperar pasajeros y ventorrillos en espacio público; que cada quien tenga deberes y derechos, aceptados más por los beneficios sociales de la norma, que porque el policía esté presente esperando que lo corrompan. ¿Es pedir demasiado? No intentarlo es aceptar que somos de una rama inferior de los homínidos, incapaces de mejorar lo que nosotros mismos hemos hecho.

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