martes 05 de enero de 2010 - 10:00 AM

Temas Urbanos

BANALIZANDO.- No se puede ser tan iluso como para convertir las esperanzas en realidades malogradas. Que la ciudad debe tener más poesía y menos Policía, según leo en un paredón callejero, ojalá deje de ser un deseo; pero no podemos equivocarnos porque se puede terminar detenido solo por escribir el 'grafiti'. Igual sucede con el turismo; ya hay nacionalistas exacerbados hablando de 'Colombia, potencia turística', cuando un solo paseo de fin de año por carreteras troncales, no hablo de las veredales, evidencia el aspaviento de la afirmación. De no ser que estén hablando de un turismo sui géneris, que tampoco nos haría daño para ubicarnos, destinado a mostrar cuánto subdesarrollo y atraso hay por superar.

Recorrer con el pichirilo la vía hacia la Costa Atlántica o hacia Bogotá puede ser un buen ejercicio de comprobación; carreteritas de dos carriles ya obsoletas hace 40 años, en buen estado a pedazos, con tractomulas y vehículos bogotanos a velocidades solo ciertas en la señalización, es un riesgo aventurado y una faena para toreros de automóvil sacándole el quite a toda clase de peligros: la vaca que se atraviesa, los 'policías acostados' que cada quien construye para pasar la carretera como si estuviera en el patio de su casa, los buses de las diferentes flotas como alma que persigue el diablo dando pésimo ejemplo de responsabilidad empresarial con estelas de humo que deben tragarse quienes vienen detrás, los del rebusque vendiendo pájaros enjaulados, frutas de la región, chicharrones, 'la cola helada y el pandeyuca caliente', rifas para lisiados de las quiebrapatas, los de la limosna y pala al hombro tapando los huecos por una moneda, el que limpia los vidrios…. Pero el mejor medidor de ese turismo ilusionado de 'potencia' son los baños y restaurantes de carretera, verdaderos antros. Una buena oportunidad para dotar al viajero de sitios decentes dónde descargar vejiga y cólon, pudieron ser las innumerables nuevas estaciones de venta de combustible, lo que merece comentario aparte, condicionadas a la construcción de baterías de servicios sanitarios con mantenimiento permanente, cobrando si fuere el caso. Y está bien ofrecer comida típica, así sea manifestación de pobreza alimentaria, pero reclamo inspecciones recurrentes de higiene, sin coima, para estos restaurantes de 'mugre que no mata engorda'. Continuar hablando de turismo en estas condiciones es banalizar un renglón de la economía que merece mejor suerte, si se quiere ir más allá del turismo de chancleta.

ADENDA.- Otro mensaje de paredón callejero: Apaga el televisor y abre tus ojos.

 

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