martes 04 de mayo de 2010 - 10:00 AM

Temas Urbanos

EL TOCOMOCKUS.- No pensó mi generación que en Colombia, comenzando el siglo XXI, las campañas electorales tuviesen aún la suciedad del siglo XIX; los escándalos en las dos elecciones presidenciales anteriores y en la última para Congreso –hay voces que demandan anularlas por truculentas y corrompidas- no dejan mentir. Pero seguimos hablando de democracia sin sonrojo y no faltan quienes justifican estas derrotas como pueblo porque somos así y sin remedio Para la próxima elección presidencial, bienvenidos todos los observadores internacionales; lo que está sucediendo y el fraude que algunos ven venir, no es para menos; fraude que paradójica y estratégicamente, suele ser mayor con los menos opcionados.

Oigo voces de la campaña para el tercer mandato Uribe-Santos diciendo, sin vergüenza, que los grandes 'varones electorales' -así en esos términos-, están con ellos garantizando el triunfo; y sabemos lo que eso significa: llevar montoneras a votar por quien ordenen, antes como cobro de lealtad terrateniente y ahora a punta de miedo y bala o explotando la miseria (17%) con mercados y comprando votos. Los peligros para la candidatura del fenómeno Mockus son de esa magnitud y mucho más; sabemos que desde el DAS, dependencia presidencial, se organizan oficinas y programas de difamación y mentiras, que los autoatentados estuvieron en la agenda militar, para salir inmediatamente, micrófono en mano, a inculpar a otros; que los medios, con honrosas excepciones, se pusieron al servicio de todo lo que fuera 'refundar la república'; y los curitas de parroquia ya empiezan a asustar empleadas del servicio y señoras camanduleras, diciendo que el matemático es separado y agnóstico, mientras el candidato del establecimiento infiltrado profundamente por el franquista Opus Dei, saca pecho de creyente hasta en el infierno inexistente. Le aplicarán el todo vale, el fin que justifica los medios, las alianzas contra con CVY, dispuestos a no tolerar otro estilo de gobierno, decente, honesto, donde la pedagogía valga más que las masacres de escarmiento, así su programa carezca de calado estructural para las grandes cuestiones del país. Solo por eso vale la pena cambiar de estilo; peor no puede ser, así al país lo hayan acostumbrado a que su Presidente debe ser finquero alardeando de caballista, pendenciero, pistola al cinto, bien hormonado, a la mejor manera de los caudillos terratenientes latinoamericanos del siglo XIX.

ADENDA.- Sin humor como terapia social, los colombianos padeceríamos de mayores neurosis y violencias. Andan diciendo que el profesor Mockus tiene Parkinson pero el que tiembla es Santos.

 

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