martes 04 de junio de 2019 - 12:00 AM

Tomar las de Villadiego

Las banderas del mundo sin fronteras pretendido por el mercado, terminaron recogidas también por miles de grupos humanos dispuestos a traspasarlas como sea...

Es un error detenerse solo en los beneficios del mercado, al cual Adam Smith atribuía la cualidad intrínseca de autoregularse sin necesidad de que el Estado intervenga, razón para disminuirle su presencia al máximo. Olvidan que la globalización del mercado de bienes y servicios conlleva efectos colaterales; globaliza otros fenómenos sociales: las distancias sociales aumentando la pobreza, la uniformización del mundo utilizando el consumismo y otro efecto con plena vigencia hoy: la globalización de las migraciones ya no solo internas en cada país, como fueron las rural-urbanas del siglo pasado, sino las internacionales de asiáticos y africanos hacia Europa y EEUU, centroamericanos hacia EEUU, venezolanos hacia países vecinos, sin estar preparados para semejantes avalanchas.

Las banderas del mundo sin fronteras pretendido por el mercado, terminaron recogidas también por miles de grupos humanos dispuestos a traspasarlas como sea, arriesgando hasta su propia vida. Los sociólogos hablan de las causas de estos desplazamientos, ubicándolas en el lugar de origen –causas expulsivas- y en el lugar de destino -causas atractivas-. Unas y otras son de origen económico, la mayoría y político, si descartamos que sea la aventura juvenil el principal estímulo para tomar las de Villadiego. Se sabe que algunos engañan alegando persecución política sin sufrirla, cuando la presión está en la precariedad laboral del lugar de origen y en la imagen agigantada de que el paraíso perdido está en el lugar de destino, donde el dinero anda regado en las calles y no era sino recogerlo, diciéndolo de manera caricaturesca; y “más vale una toma que promesa de dos te daré”. La presión para conseguir visa en seleccionados países desarrollados, las avalanchas incontenibles en pateras, tragedias macabras incluídas, coyotes y piratas, las sanciones arancelarias como las impuestas a México, evidencian la dimensión del problema globalizado, en el cual no pensaron los maestros del gran mercado.

Conocidas las causas, pienso que las más influyentes están en el lugar de origen y es allí donde deben desarrollarse contenedores sociales de la huida, porque tampoco los países de destino tienen recursos inagotables para atenderlos, de no ser que terminen engrosando los barrios de pobreza y delincuencia que ya tienen, como se está viendo; aunque no falta quienes viajan a cobrarles deudas por la forma miserable como históricamente vienen explotando a los pueblos de procedencia de los ahora llamados “invasores”.

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