martes 23 de junio de 2020 - 12:00 AM

Tras de pandemia

Los refundadores no son librepensadores; y nos tocó tras de pandemia, censura.
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No es solo para caricaturas, en la ya larga vida de violencia que padecimos y padecemos, que un grupo se haya auto proclamado, patriotismo al frente, “refundador de la república”, proyecto en el cual seguramente muchos estamos de acuerdo para hacerla viable; pero sin involucionar la historia hacia la derecha extrema, usando la guerra como medio, oponiéndose a los procesos de paz logrados por la vía política dialogada o ejerciendo el poder de tal manera que se llegue hasta la censura, para que lo poco logrado regrese al estado de cosas que les conviene.

Forman parte de este proyecto de retomo haber restablecido cátedras de religión pero no de historia, fundar universidades con claros propósitos ideológicos de formar líderes para puestos claves en la dirección del Estado, tipo Sergio Arboleda, como si no fuesen suficientes para lo mismo las numerosas universidades confesionales, ya existentes; y frenar toda posibilidad pluralista volviendo a tiempos del general Rojas –impuso rector militar en la UN-, con censores de oficio que ahora usan estrategias más sofisticadas. El proyecto refundador incluye tomarse puestos y actividades claves como se hizo ya con este gobierno: además del ejecutivo, el legislativo, la fiscalía y otros, el archivo nacional, memoria histórica, la fundación de museos militares y ahora presupuestos para escritores que se presten a reescribir la historia como los refundadores quieran, sometidos a “correcciones de estilo” camufladas (El Espectador 14-06-2.020).

Sin embargo, trabajos ya pagados y listos para publicar sobre la guerra en Colombia, contratados por el gobierno anterior con escritores de cuya objetividad e independencia no se duda, como Eduardo Pizano, Patricia Lara, Medófilo Medina y otros, están represados pienso que porque su visión del conflicto no es la que los refundadores esperaron. Tanta censura al pensar crítico, en pequeño lleva a la situación de un maestro en Bucaramanga, que “osó” poner como tarea a sus alumnos casi bachilleres, ver “Matarife”, para discutirla luego, alentando en ellos el sentido crítico.

Tal “atrevimiento” levantó polvareda de censores desde su perspectiva de formación vertical, impuesta y sin opinión, para jóvenes cuya cabeza quien mejor la maneja es el peluquero, decía nuestro rector José Félix Patiño; con tan mala suerte que no íbamos al peluquero. Para Maquiavelo, se gobierna mejor cuando la ignorancia campea. Los refundadores no son librepensadores; y nos tocó tras de pandemia, censura.

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