martes 09 de julio de 2019 - 12:00 AM

Turismo arrasador

llevarse puesta la ciudad ruidosa, agresiva e intranquila para pueblos de suyo apacibles no es ir a descansar sino a seguir en lo mismo...

Los puentes de junio recientes, dan para volver sobre el turismo de creciente presencia masiva en la economía y en la vida de los colombianos, pero tan frágil e insostenible donde se estimule, que la teoría económica lo ubica entre los más frágiles en épocas de crisis. Vamos al grano: casos cercanos como los de Barichara, San Gil y más reciente Zapatoca, nos dicen que ni los colombianos sabemos hacer turismo ni los pueblos se prepararon para soportarlo, porque aquí desde los embarazos hasta los eclipses llegan sorprendiendo. Son conocidos los casos de pueblos españoles donde vecinos raizales y habitantes permanentes, se organizaron para defenderse de las hordas invasoras que les llegan; la otra salida era salir corriendo durante las temporadas de juergas y avalanchas.

No sé de dónde la tendencia a imitar lo peor; llevarse puesta la ciudad ruidosa, agresiva e intranquila para pueblos de suyo apacibles no es ir a descansar sino a seguir en lo mismo; y de paso tirarse a los habitantes estacionarios. En poco tiempo, con el pretexto de dar trabajo y que el éxito está en el negocio, Zapatoca está repitiendo lo ya vivido en otras partes, en Barichara y San Gil y cuántos más pequeños asentamientos en fila para sufrirlo: proliferación de “restaurantes típicos” de mala calidad por todas partes y sin control, muy pocos buenos, arrendamiento de piezas y de paso alteración de construcciones tradicionales y sus fachadas para hacerles añadidos rentables, turistas de chancleta, motos de alto cilindraje de día y de noche, discotecas de ruido ensordecedor pared por medio de casas de familia, humo y borrachera en calles y parques.

¡Cómo protestar por la arquitectura alterada, si bien modesta como modestos han sido los zapatocas, a pesar de esfuerzos bienvenidos por llenarla de flores! Así como las cercas de piedra están terminando trituradas en fábrica dentro del perímetro urbano, la “inorancia” hace estragos tumbando y sustituyéndola por diseños “coloniales y antiguos”, verdaderos adefesios en nombre del “progreso”. Sin que pase nada cuando todo pasa.

Adenda.- Ecos de la columna anterior sobre el Tratado de Versalles y los Acuerdos de La Habana: Para reivindicar lo que Hitler consideró ser una humillación al pueblo alemán, se acudió al “estado de opinión”. Los parecidos con las pretensiones del senador Uribe, son de la imaginación del columnista.

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