martes 13 de abril de 2021 - 12:00 AM

Un antes y un después

Alegrías de gallo capón dicen algunos; qué jartera paraísos sin retos, pero tampoco un mundo tan desigual, tan de extremos, hecho un erial de tierra inerte con un antes sin un después diferente.
Escuchar este artículo

Flota en el ambiente de analistas sociales la idea de que la pandemia, advenediza, sorpresiva y arrasadora, ofrece oportunidad para que el mundo resultante sea diferente de aquel que venimos viviendo con presagios de futuro insostenible desde lo social y lo ecológico; se estaría cumpliendo la sentencia conformista del “no hay mal que por bien no venga”. Algunos lo ven no como posibilidad sino como hecho cierto. No sobran mundos diferentes; esperanzas no han faltado en todos los tiempos, siempre buscando estar mejor, sin discutir la variedad de lo que se entienda por “estar mejor”.

Desde cambios en hábitos alimenticios –observando los “domicilios” aumenta el consumo de comida basura-, hasta la modificación de los espacios en las viviendas así como redefinir dónde residir, el consumo de ropas diferentes porque no habrá por qué salir todos los días de la casa; y la conformación de las nuevas ciudades, menos apocalípticas por ruido, polución, congestión e indisciplina social. Pero tal vez los cambios más esperados estén no tanto en el detalle, sino en la visión macro de la sociedad humana.

Replantear moral y ética acerca del “todo se puede” minimizando el Estado con el fin de ser exitosos ¡Ya!, sin importar el futuro ni los demás; acerca del crecimiento económico -progreso- sin desarrollo social como lo más importante, porque lo demás es populismo y comunismo, como afirmaba el gerente de una conocida empresa de mensajería; y el ejercicio impúdico del poder usufructuado en beneficio particular, satanizando hasta la muerte a quienes se resisten a aceptar estos tipos de moral y de ética; solo unos pocos futuros para no fatigar al lector. Alegrías de gallo capón dicen algunos; qué jartera paraísos sin retos, pero tampoco un mundo tan desigual, tan de extremos, hecho un erial de tierra inerte con un antes sin un después diferente. Y lo peor, que la gran mayoría, haciendo uso de su ignorancia voluntaria o involuntaria, mantenida como garantía de que nada cambie, no se dé cuenta del mundo en que vive.

Adenda 1.- Se está cantando bien el himno nacional, pregunta un lector, distrayéndose de la pandemia. ¿Está bien vocalizar “¡O-ooh gloria ...”, “do-oolores”, “ho-oorrible”, “a-aamericano”, etc.? No es mi tema.

Adenda 2.- Martes 13: yo no creo en agüeros porque es de mala suerte.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad