martes 21 de enero de 2020 - 12:00 AM

Vivir para ver

en 14 días de este enero 2020 ya iban asesinados 14 ex guerrilleros acogidos a los Acuerdos de La Habana, sumados a los 77 anteriores
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Es posible que a las generaciones aledañas a la mía incluída, no las prepararan para desechar la perplejidad; esta se formó cotidianamente en las vivencias de la violencia; las nuevas, las del todo pasa, dejémoslo pasar, parecen haber perdido la capacidad de los seres vivos –incluídos animales y plantas- para asombrarse. Digo esto porque nos desconcierta gravemente, a otros no les dice nada, por ejemplo que las noticias falsas lleguen a ser tantas como las verdaderas, que al Sr. Trump los coleccionistas le cuenten las mentiras por miles; o que se entable una polémica frívola sobre las cédulas para perros, cuya atención en salud y mimos envidian miles de colombianos, con y sin EPS.

En política, cómo no acudir a la capacidad de asombro que debe anteceder al rechazo, conocer la denuncia de la ONU: en 14 días de este enero 2020 ya iban asesinados 14 exguerrilleros acogidos a los Acuerdos de La Habana, sumados a los 77 anteriores, que gobierno y medios reducen a peleas de faldas y disputas por narcotráfico. Igual quedarán bien muertos, sin que pase nada, los centenares de líderes sociales desaparecidos, que la ultraderecha envenenada ideológicamente aplaude como “limpieza”, con la vista gorda del gobierno reprobando de dientes para afuera.

Pasmo, turbación y miedo deben producirnos las tropas norteamericanas que bombardean como “hecho colateral” de la guerra una boda en Afganistán, pero cuando Irán estúpidamente derriba un avión civil, este es un “atentado contra la paz mundial”; o cuando los mismos dueños del mundo deciden por todos nosotros qué, quién, cuándo y cómo. En Bolivia los golpistas, racistas, cristianos hicieron una encerrona para elegir “presidenta interina” en nombre de la democracia, pero en Venezuela la misma encerrona es manifestación dictatorial del chavismo, usando la vieja táctica política de criminalizar al adversario para afianzarse en el poder, utilizando al cliente mediático que traga entero. Las acusaciones bilaterales sobre corrupción -?Quién financia al “presidente” Guaidó o a los militares?- es el más reciente recurso para mantener la tensión entre verdades mentirosas y mentiras verdaderas.

Mientras, el ciudadano perplejo, asombrado y turbado con la lógica ilógica de los acontecimientos que lo rodean. ¿Resultado? Una desconfianza creciente en todo y de todos. ¿Consecuencia? Hacer lo que me da la gana, el liberalismo puro. Pero así no puede funcionar ninguna sociedad.

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