martes 26 de septiembre de 2023 - 12:00 AM

Libardo León Guarín

Volviendo a casa

Gracias a mis maestros no solo los de carne y hueso sino todos aquellos libros, cine, arte en todas sus expresiones a los cuales tuve acceso afortunado, fui elaborando una visión del mundo que me permite ver lo local, municipal y folclórico desde lo universal, lo cual implica no quedarme en la parroquia pero sin abandonarla. Lamentablemente en estos días la dimensión de la lo político, por ejemplo, está viviendo tal falta de visión amplia, universal que ensartada en lo parroquial queda reducida a encuentros entre comadres ofendidas, cueros al sol, toma de posiciones frente a nombres y no a ideas o programas, a futuros o tipos de Estado en cuestión, etc.

Pues voy a volver a ese mundillo pequeño, local y bumangués con el cual se anuncian programan y se dejan a su suerte unas llamadas “ferias” tan sin identidad propia, sin objetivo ni finalidad claros; de tal manera que al final no se sabe muy bien si se trata de unos bochinches con ruidos consentidos, una ciudad vuelta naco en su movilidad, peor a la que cotidianamente viven sus habitantes, unos tenderetes de artesanos con caras largas y unos contratos millonarios con el dinero de todos para que músicos y orquestas saquen adrenalina por bultos. Los coliseos romanos también cumplían esta finalidad: bajarle el morro a la presión social, que dadas las condiciones precarias generalizadas de vida, bien podrían desembocar en levantamientos y protestas. Una observación primaria, elemental nos dice que el público favorito para las “ferias” como la que acaba de terminar, está en los sectores más bajos de la pirámide social, mostrándonos de paso y sin querer queriendo, que la ciudad y todos los asentamientos urbanos en el modelo de sociedad de mercado, es un plano dividido por clases sociales.

Llama la atención y la ocasión la pintan calva, el oportunismo de candidatos sin reparo alguno a tanto desgreño; todo lo contrario, elogian el “buen comportamiento” con la ciudad de las productoras de licores por el consumo desmedido de sus productos; a ellas les fue muy bien, lo mismo que a los jíbaros del microtráfico; pero se sigue hablando de la “feria bonita”, a un evento ni siquiera pintoresco así se elogie en los medios carrosas “expresión de la cultura” hechas a las volandas y sin comunidad. ¿Cuál cultura?

lileguar@gmail.com

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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