martes 07 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Libardo León Guarín

Y sin embargo....

Cuántos triunfalismos que más parecen regresos y cuántas derrotas no para comenzar de cero porque antes está la experiencia que cuenta. ¡Cuántos comentarios, análisis, diatribas, insultos, desinformaciones mal intencionadas, ignorancias, y sesgos informativos se ven en estos debates! No hemos aprendido a entender los conflictos sociales como algo natural y silvestre en todas las sociedades humanas y menos a no resolverlos a través de la destrucción física del contrario, ahora que vinimos a saber que si la venganza no está en el ethos (comportamiento, conducta) de nuestra cultura, sí está en la cultura judía alimentada por el sionismo.

Resumiendo, los resultados de la recientes elecciones significan un regreso trabajado por la oposición, dentro de la dinámica acción-reacción apenas natural en una sociedad conservadora amenazada; no era para menos y la cosa pudo ser peor dados los medios utilizados, los dineros invertidos y la ignorancia manifiesta acerca de lo que estaba en juego; desde la desinformación que para desmentirla se necesita tiempo y medios difusores, pero bien sabemos que estos están en manos de los enemigos del cambio social alegando defensa de las instituciones y de clanes y mafias recuperando posiciones también en Santander; el 37.5 de los candidatos cuestionados estaban apoyados por 41 clanes políticos según informe este diario (01-11-23 pg.6) y Paz y Reconciliación denunció 97 casos para gobernaciones y alcaldías, de lo que se sabe.

El alborozo triunfalista por las muestras de “madurez y racionalidad” de los colombianos, al expulsar el proyecto “petrista” de desinstitucionalizar al país o para garantizar la estabilidad “institucional y democrática”, según los medios, advierte el proyecto conservador de las derechas que continuará buscando tumbar las reformes sociales propuestas por el gobierno y estimulando golpes de estado, con el apoyo vergonzoso de mayorías mantenidas en la ignorancia, como siervos de la gleba que marchan para donde les diga su señor; pero que nada entienden lo que son las instituciones (económica, política, educativa, religiosa, familiar, justicia) que desarrollan sus fines y programas mediante organizaciones institucionalizadas (congreso, gobierno, cortes, juzgados, colegios y universidades, organizaciones religiosas); sobra decir que todo cambio social estructural debe ir hasta el cambio institucional si se quiere atacar de raíz los problemas sociales. Esto ya lo entienden las élites de derecha; de ahí su radicalidad opositora. Sin embargo, la dinámica social histórica parece no obedecerles en camino largo.

lileguar@gmail.com

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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