miércoles 24 de julio de 2019 - 12:00 AM

Debemos ser responsables

además de los decretos para poner orden es importante el compromiso nuestro para asumir definitivamente el orden y el respeto a los derechos de los demás.

Para corregir las cosas en las cuales nosotros mismos propiciamos el desorden y los problemas. Interesante el punto de vista tratado por Sergio Arenas en su columna del 22 de julio sobre las basuras, en donde el problema cada vez se agrava si no tomamos conciencia de que también somos los causantes del desorden.

Estoy en que debemos disciplinarnos en el manejo de ellas desde la casa o el lugar de trabajo, para que estas estén siempre separadas en lo que es reciclable o no y en algunos casos en donde son contaminantes, desde luego en muchos lugares ya existe disciplina formada.

En el mundo existe la formación de reciclar, muchas de ellas son comercialmente útiles. Los empaques vienen ya con instrucciones. Existe un control de olores en los depósitos de residuos sólidos, estos terminan siendo parque y centros de recreo. En los lugares donde llegan las aguas servidas las que forman posos de oxidación, no producen malos olores, o si no cómo han hecho en Aruba donde están metidos en mitad de la isla.

Cada vez que visito a mis nietos en Orlando donde la ruta rápida pasa por medio de un relleno sanitario, de los cuales ya uno es una zona verde, y en su vecindad hay pequeñas lagunas, éstas no produce olores, ya la zona residencial está llegando muy cerca de vivienda de alto costo. Me pregunto ¿cuándo llegaremos a eso?

Lo mismo pasa con los trancones en la ciudad, no solo es la falta de vías la responsable, es también el mal uso que hacemos de ellas generando tapones continuamente, nos parqueamos sin preocuparnos si estorbamos el paso, nos atravesamos en los cruces etc. Y eso es falta de cultura ciudadana, así como botar la basura a lo largo del camino.

Yo creo que además de los decretos para poner orden es importante el compromiso nuestro para asumir definitivamente el orden y el respeto a los derechos de los demás.

De potra parte, es triste ver cómo la juventud ignora que violar las pequeñas cosas se convierte en el camino para llegar a trampas mayores.

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