miércoles 28 de enero de 2009 - 10:00 AM

El dossier secreto de los falsos positivos

Con este titular, Semana hace algunas revelaciones del informe con el cual se dio de baja a 27 oficiales del Ejército de Colombia; no hay duda que el relato de algunos acontecimientos pone los pelos de punta como dicen por ahí, sobre las actividades de algunos miembros del ejército, violando flagrantemente los derechos humanos en nuestro país.

Algunos comentarios inducen a percibir que no ha existido una permanente supervisión de los comandantes de Brigada o División sobre el accionar de sus tropas. Concretamente se comenta que eran batallones y Brigadas al garete, que existió desgreño y falta de inspección por parte de la Segunda División al mando del MG. Cortés, quien en 2 años prácticamente no realizó ningún control sobre las tropas a su cargo.

Empiezo por aclararles a los señores de Semana que el MG. Cortés tan solo estuvo 9 meses al mando de esta Unidad. Y no estoy escribiendo estas opiniones de oídas, lo expreso por el conocimiento personal de lo que me consta a través del tiempo que el General estuvo en su comando. No lo hago solo para desvirtuar cualquier maledicencia que pueda existir sobre su responsabilidad, sino para desvirtuar cualquier nube maligna que pretenda opacar o demeritar el trabajo de una Institución como es el Ejercito de Colombia, que ha venido llevando sobre sus hombres la responsabilidad de una política de Gobierno exitosa, como es la Seguridad Democrática.

Y digo que no es de oídas, porque he visto cómo un comandante de División sigue a diario los movimientos de todos los pelotones de sus unidades tácticas en su jurisdicción, sus informes de inteligencia para conocer el movimiento del enemigo, no solo del día, sino su comportamiento histórico; sorprende de verdad cómo ellos conocen a cabalidad el terreno por donde sus tropas se mueven; por radio: ordenan, recomiendan, corrigen y motivan.

Conocí también cómo día a día, semana a semana, se transportan en sus helicópteros no a reuniones sociales en los más apartados lugares, acompañados de su jefe de operaciones y de inteligencia, a inspeccionar en el lugar: las cartas de dicha unidad, los informes del movimiento de tropa y enemigo, cómo atienden a la población civil; esto sin tener en cuenta domingos o días feriados, sin disfrutar del calor del hogar, sin ver crecer a sus hijos.

Sí, no hay duda que los hechos relatados son macabros, horripilantes, negados para una sociedad que se precia de libre, justa y democrática. El peso de la ley debe caer en forma ejemplar para los culpables, pero de de ahí a tachar de asesinos a 27 altos oficiales, donde muchos tenían que explicarles a sus pequeños hijos que poco vieron crecer, que no los son, hay mucho trecho. Que los Batallones y Brigadas estaban al garete es una mentira falaz. Que se precipitaron en una destitución masiva, no hay duda.

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