miércoles 24 de abril de 2019 - 12:00 AM

El incendio en Notre Dame

Duele ver cómo cae la aguja de Notre Dame, pero también debemos darnos cuenta cómo quemamos la humanidad sin inmutarnos.
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Despertó innumerables emociones en el mundo, entre otras: dolor, sufrimiento, compasión, solidaridad; de inmediato generó acciones, como la de los acaudalados, al designar cuantiosos aportes para iniciar prontamente la reparación de este símbolo de la cristiandad, pero también del arte, que ha reposado por muchas centurias en este lugar.

Despertó los sentimientos que cruzaron en el alma de la humanidad, como cuando vimos el derrumbamiento de las Torres Gemelas en Nueva York, un 11 de septiembre; aterrados por la capacidad de hacer daño de los grupos terroristas en el mundo; de lo cual vivimos nosotros casi a diario, cuando vemos cómo el Eln destruye irreparablemente la naturaleza de nuestro país.

Sí, movió como nunca la conciencia de la humanidad, pero deja en el alma grandes dudas, cuando se compara cuál es el sentimiento universal, cuando se muestra al mundo en los medios, la foto de un niño, donde apenas la piel cubre los huesos y el ave de rapiña detrás de él espera a su presa para devorar. Esto se muestra que sucede en el África donde el hambre y la desolación cunde, pero nos olvidamos que en la Guajira, aquí no más, los niños mueren de hambre por su desnutrición.

Y esto no mueve a los ricos para reunir grandes sumas de dinero, como apenas en unos minutos se reunieron cerca de 800 millones de euros, dinero con el cual se puede empezar la gran cruzada para salvar a los niños de su penoso destino.

Y lo mismo podemos decir de la indiferencia de la humanidad ante la destrucción que se le está dando a los ecosistemas, que ya en un futuro no muy lejano hará invivible a la humanidad; definitivamente el hombre es el depredador del hombre, ya no se necesitarán guerras mundiales para acabarnos unos a otros, basta terminar con el aire que respiramos y el agua que bebemos, para que lleguemos al fin.

La verdad que duele en el alma ver cómo cae la aguja de la torre de Notre Dame envuelta en llamas, pero también debemos darnos cuenta cómo quemamos la humanidad sin inmutarnos.

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