miércoles 26 de febrero de 2020 - 12:00 AM

El peso de la China

El mundo se siente amenazado, aunque los expertos hablan de que los riesgos no son como otras pandemias del pasado, esta no llega a eso, pero hoy un estornudo asusta.
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Lo sentimos desde hace años: comercialmente ya tiene invadidos los mercados del mundo, donde uno vaya se encuentra: hecho en China. Su peso específico en la banca mundial, puede hacerla tambalear cuando se lo proponga. Han demostrado eficiencia, como lo hicieron al construir en tiempo récord, el hospital en Wuhan. En Colombia ya entraron con paso grande con la construcción del metro en Bogotá y en su alianza con los Paisas para el desarrollo del Urabá Antioqueño.

Luego no es extraño que, con el frenazo en la economía China, al paralizar muchas partes de su país por miedo al Coronavirus, haga tambalear el dólar, bajar el petróleo, disminuir el consumo de llantas, como ya lo reportan las caucheras, frenar el turismo internacional y especialmente resentir la frontera de ese gigante que entra a invernar.

El mundo se siente amenazado, aunque los expertos hablan de que los riesgos no son como otras pandemias del pasado, esta no llega a eso, pero hoy un estornudo asusta.

Este comportamiento me invita a reflexionar sobre el valor que genera en la raza humana, las cosas que sienten cuando el peligro no está cerca de sus ojos, como es el del cambio climático que lentamente nos llevará al desastre. Nos está pasando lo del sapo que meten en una olla y la empiezan a calentar, no se da cuenta que lo van a cocinar y ahí permanece tranquilo, hasta que lo sancochan sonriente.

Si los humanos en este mundo y, en especial, los líderes y las grandes, medianas y pequeñas empresas, que contribuimos a afectar el clima en el mundo, no entendemos que estamos llegando al punto del que no habrá retorno, la humanidad desaparecerá. Todos tenemos que aportar para detener el desastre final.

Las ciudades tienen que comprometerse a sembrar millares de árboles, y premiar los espacios privados que no se urbanizan y se dedican al esparcimiento, son pulmones que el Estado tiene que valorar y estimular. El ministerio de Agricultura debe despertar de su letargo y servir para algo, promoviendo la masiva siembra de árboles, algunos rentables otros solo maderables, hay mucho y urgente por hacer.

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