miércoles 06 de enero de 2010 - 10:00 AM

Empezamos con un nuevo año

Y una nueva década, pero como en todas las cosas cuando se va hacia adelante, es mejor conducir sin quedarse mirando el espejo retrovisor. Eso no quiere decir que no hay que consultarlo, de pronto, lo que viene de atrás nos puede atropellar y sacarnos de la vía.

Nos espera de todas maneras un año agitado; estaremos pendientes de las decisiones cruciales para nuestro futuro, la que tiene que ver con la Corte Constitucional y el referendo que habilitaría al Dr. Uribe para un nuevo período presidencial, y esperar si su 'angustia interior' le dice que es mejor hacerse a un lado haciendo caso a sabios concejos que ya ha recibido desde todos los lados del mundo, como también el especial de doña Lina, su concejera más cercana y sincera.

Si eso es así, se abrirá paso un debate electoral polarizado y terrible, donde encontraremos en cada recodo del camino pedazos de jirones de piel de esta Colombia asediada por todos los flancos. Para esto tenemos que mirar por el retrovisor lo que éramos y lo que podemos volver a ser.

Todo llevará de la mano el debate que tiene que ver con la renovación del Congreso, uno de los pilares de nuestra institucionalidad, que se encuentra bien deteriorado y muy difícil de restaurar por los vicios  con los cuales se mueven esas campañas y por la indiferencia de tantos que al no participar, hacen que estos males estén enquistados y hagan metástasis en nuestra pobre democracia. También hay que observar en el retrovisor y hacer el esfuerzo para corregir la pobreza que le asiste a muchas regiones en su representación, de la cual la nuestra no escapa.

Los bandazos que se han dado en esta materia, desde la operación avispa propiciada por un viejo gobernante, fueron la base para la creación de nichos de los cuales se adueñaron personajes con oscuros propósitos, los que se constituyeron en el detonador con el cual se atomizaron los partidos políticos hasta casi desaparecerlos y de paso abrieron la puerta de los cambios institucionales que estamos viviendo.

Los procesos vividos en esta última década han descompuesto nuestras propias estructuras. No podemos decir que estamos inmersos en una gran corrupción del Ejecutivo; el Legislativo está en artículo mortis y tampoco podemos ser indiferentes ante la pérdida de nivel en el Judicial. Las cortes no dan la confianza del pasado, apenas existen honrosas excepciones, de ahí su continuos choques entre ellas. Me parece que la cirugía tendrá que ser muy profunda en las décadas que se avecinan.

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