miércoles 14 de julio de 2021 - 12:00 AM

Hola, Luis Miguel

Lástima que no estés para desmentir a aquellos que, a voces llenas en los medios, andan diciendo que tal vacuna da el ciento por ciento de seguridad para no perder la vida, tú vacunado con una de las que hacen mucha bulla, te enfermaste y la parca vino por ti.
Escuchar este artículo

Como la canción, te fuiste sin decir adiós, tampoco fuiste consciente de que partías, después de un mes en que estuvimos día y noche pendientes de ti. Qué vaina los estropicios que ha creado ese bichito, llenando de dolor y tristeza hogares a quienes queremos. Ya son tantos que es mejor no hacer la cuenta.

Lástima que no estés para desmentir a aquellos que, a voces llenas en los medios, andan diciendo que tal vacuna da el ciento por ciento de seguridad para no perder la vida, tú vacunado con una de las que hacen mucha bulla, te enfermaste y la parca vino por ti. No es bueno engañar a la gente y lo qué hay que hacer es decir que no es un seguro de vida, que sí hay riesgos de contagios, y lo que se debe hacer es cuidarse como lo recomiendan: no reuniones de grupo, tapabocas y lavarse las manos. Es apenas obvio que se cuenta con un porcentaje de protección a quien tiene la vacuna.

Qué vaina que te perdiste los partidos de fútbol, seguro que Javier, tu partner de fútbol, te extrañó, allá habrá por siempre el vaso de whisky servido en el futuro, fue una buena temporada y la hubieras pasado gustoso.

Tus amigos de siempre con los que pasamos días felices, con buen trago, buenas fiestas y como siempre un micrófono al que no podías dejar de coger, porque la verdad tenías voz y no te la dabas, como dicen las señoras, a veces costaba trabajo quitártelo. Cómo nos vas a hacer falta y pensar que eras el menor de todos, maldito virus.

Martica, María Paula, Natalia, sus esposos y esos hermosos nietos, que lo hicieron tan feliz, saben que nos tienen a su lado, a esos amigos de siempre que nunca estarán solos y que estarán siempre dispuestos a lo que necesiten.

Sé que Luis Miguel Jiménez Dulcey, boyacense de cepa pero santandereano de corazón, vivirá para siempre, Dios ahora lo tiene en la gloria, dichoso de haber pasado por la vida, dejando una honda huella que no podemos olvidar.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad