miércoles 03 de marzo de 2010 - 10:00 AM

¿Y ahora qué?

Es la pregunta que se están haciendo la mayoría de los colombianos, uribistas o no, después de que la Corte Constitucional declaró inexequible el decreto con el cual se pretendía dar paso al tercer período del presidente Uribe. Esto ha desatado la presencia de politólogos, sumado además a la cátedra de aquellos que se creen dueños de la verdad revelada, para contarnos cuál va a ser el futuro de la patria.

La coincidencia es: agradecer y reconocer la gestión de un gobernante, quien durante 8 años, (incluyendo lo que falta), ha mantenido un ritmo de trabajo incansable y un manejo como el que más de la opinión pública, arrasando como una aplanadora a quien se pusiera por delante en el desarrollo de sus planes de gobierno. Desafortunadamente es un ser que hace mucho y oye poco; pero con este sistemita le ha dado un vuelco a la historia de este país y todos tenemos que agradecerle, porque conseguimos un nivel de seguridad y confianza, con lo cual hemos alcanzado unos niveles importantes en el desarrollo. ¿Qué lamento? Que el fin de esta importante tarea haya sido por una decisión de uno de los poderes del Estado y no una respuesta oportuna de su parte, a un clamor externo e interno de quienes lo reconocían como un gran gobernante, pero que consideraban que ocho años eran suficientes en una gestión de gobierno, aunque si bien no eran suficientes para lograr algunos propósitos en un país que se precie de democrático, otro debería llegar para continuarlos. Yo también, al escuchar la decisión final de la Corte Constitucional, participé del aplauso de quienes estaban presentes. Qué lástima de la terquedad de nuestro gobernante, a quien como muchos le agradecemos por su trabajo en pro de todos los colombianos.

Pero siguiendo como titulé esta modesta columna, ¿y ahora qué? Cuando vemos que la marca ha quedado tan alta y los que están en el partidor no mueven las emociones que todos esperamos, tal vez este largo trecho que vivimos con el Dr. Uribe y el deterioro de nuestros partidos nos deja en este desánimo; yo no le echo la culpa a Uribe del deterioro de los partidos, todo nació del Dr. Alfonso Lopez que nos dejó unos partidos de garaje con su operación avispa. Tal vez esta era la oportunidad de Serpa si nos hubiera hecho caso a quienes le recomendamos que se quedara en Washington, cuando le decíamos que la reelección de Uribe no la detenía nadie. Creo conocer que él mismo se lo sugirió. Hoy coincido con la opinión de un taxista en Bogotá, quien decía que en este momento se necesitaba a alguien con el carisma de un Serpa para despertar el entusiasmo de un pueblo aletargado y clientelizado; de paso les cuento: este fulano no era santandereano ni había votado nunca por él. Estoy de acuerdo, de pronto este sí era el momento.

www.unacolombiaobjetiva.com

 

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