miércoles 22 de mayo de 2019 - 12:00 AM

No hay más ciego que el que no quiere ver

No hay que ir contra la JEP, es el seguro de las Farc, necesario es hacerle ajustes. Igualmente necesario es restablecer la confianza

Eso nos pasa generalmente a los colombianos, que no queremos ver que los señores de las Farc no firmaban el acuerdo entregando las armas, sin la seguridad de que no quedarían en manos de la Justicia colombiana, politizada y cuestionada en su moralidad. Por eso pactaron con el presidente Santos crear una Justicia que los protegiera del castigo por todos los desafueros cometidos durante los 50 años de delinquir escudados en una ideología revolucionaria, que muy pronto abandonaron.

Claro que la JEP tenía que proteger a Santrich, especialmente de que lo encanaran en Estados Unidos, donde el quizás, quizás, quizás, de nada le serviría. Estaban tan ciegos (como el defendido) por cumplir con el mandato, que no se percataron que con esto estaban confirmando lo que muchos colombianos pensaban, que debería ser una Justicia de bolsillo para ellos.

La ceguera de la JEP le costará caro y tendrán que replantear de manera juiciosa con la parte que se logró en su conformación, ya lo pudimos confirmar con las dos magistradas que salvaron su voto y otros que seguro los hay, establecer unas reglas claras, para tragarnos los sapos que nos tocaron; pero si no cumplen con aquello de la no repetición, deberán ser juzgados por nuestra lenta Justicia, o lo más sabio, extraditarlos, donde esta será pronta y cumplida y donde algunos cantaran más que un canario.

Sí, los colombianos somos ciegos y caemos muy fácil en los avatares de la clase política. Desde la cancelación de visas se advirtió que esto iría para largo y cada vez más complicado, donde moverán la rabia y el miedo en lo que falta para las elecciones. De otra parte, la falta de liderazgo de nuestro Presidente genera desconfianza en los inversionistas especialmente en los extranjeros.

No hay que ir contra la JEP, es el seguro de las Farc, necesario es hacerle ajustes. Igualmente necesario es restablecerles la confianza a los ya desmovilizados y reinsertados en el proceso, igualmente protegerlos. No más asesinatos, por Dios. De esto depende nuestro crecimiento económico.

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