miércoles 04 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

No podemos jugar con la estabilidad de un país

No se puede jugar con la es-tabilidad de un país, cuando se oyen voces solicitando la renuncia del Presidente, elegido con más del 50% de los votos.
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El paro inició como una fiesta en las calles del país y terminó con una muerte anunciada.

Se convirtió en la penosa muerte de un joven, la que no tenía por qué pasar, que se suma a la de un par de agentes de policía, como de varios de centenares heridos, por cumplir con su deber de patria.

También miembros de familia con padres, esposa, hijos, que también les duele lo que ha pasado, como a la familia de Dilan Cruz.

Sí, continuarán (las protestas), pero como una vela que se apagará poco a poco, para renacer a medida que se acercan las elecciones.

Esto tiene de bueno, como de malo; porque seguramente invitarán a que la gente participe. Nuestra querida patria no puede ser la voz de minorías y ya se demostró que cerca de 300.000 caminantes no son la voz de más de 48 millones de colombianos.

Pero digo que no se puede jugar con la estabilidad de un país, cuando se oyen voces de algunos solicitando la renuncia del Presidente, un mandatario elegido con más del 50% de la opinión nacional.

Si bien es cierto que no se ha podido conectar, ya elegido, con su pueblo, hay que destacar que ha hecho importantes cambios, especialmente en la educación, con el mayor presupuesto que ha tenido en su historia.

Se dice que es una piedra en el zapato en el proceso de paz, pero ha hecho más que el mismo Santos que se lo inventó. La infraestructura ha contado con su respaldo; los que la recorren por tierra, hablan de la importancia de las dobles calzadas. Desafortunadamente, a los santandereanos nos afectó Odebrecht y el tramo que corresponde a la Costa se paralizó. La salud tubo una fuerte inversión para aliviar las IPS del país.

Desafortunadamente es terco a morir, bien sabe que ningún gobierno en el mundo, a no ser que sea totalitario, sale adelante sin gobernabilidad.

La tiene que conseguir, salir de un pobre gabinete sin sal y cambiarlo por uno que represente al país. Déjese ayudar, por Dios. Eso no es mermelada.

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