miércoles 27 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Se dijo y se advirtió

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Que las cosas terminarían mal; se vivieron momentos de angustia la semana pasada en varias ciudades de Colombia, donde vándalos destruyeron obras de infraestructura de las ciudad y locales comerciales saqueando algunos de ellos, se esperaba que eso pasase, como en varias ciudades de otros países donde ya venía ocurriendo.

Que tristeza que después de unas marchas donde la ciudadanía en forma pacífica y en algunas con música y comparsas recorriendo las calles mostraron su inconformismo y sus preocupaciones en lo que no estaban de acuerdo. Ejemplar comportamiento en donde: estudiantes, obreros, amas de casa en donde muchos que sabían por qué, pero eran solidarios con una expresión de desacuerdo con el gobierno actual.

Se presentía que fuerzas oscuras venían orquestando estos motines: tenían recursos y gente para infiltrar estos actos o desencadenarlos después, había que crear miedo y para eso estaban preparados, ya sabemos que ahora son rápidos y convincentes con las redes sociales; así como la desinformación que había que crear. Cuenta con medios de comunicación, algunos, buena parte, idiotas útiles; otros a los que no hay que rogarles.

Vimos como se maltrato en buena parte a la policía que tenía que cumplir con su deber, y aquí pagan también justos por pecadores, ciudadanos maltratados en vez de los bandidos que destruían por doquier. Claro un joven herido de gravedad que estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, por una acción de la fuerza pública que debía controlar los motines y tendrá que explicar si se salió de los protocolos.

Claro lamentable y tendrá que investigarse. ¿Pero quién reclama o siente los centenares de agentes que fueron golpeados algunos ya de gravedad, donde en muchos casos se vio que la turba los atacaba y ellos más que reprimirlos se defendían? Donde también hay padres y madres de familias que los esperan en casa.

Yo ínsito, que como la fuerza publica no puede o no sabe actuar, que se vayan a los cuarteles, a ver qué pasa en las ciudades y los campos. Ya es hora de que se valore el sacrificio de los que velan por nosotros.

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