lunes 15 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

A la medida

La película de la elección del Contralor de Bucaramanga es vergonzosa por donde se le mire ¿Cómo explica uno que un contralor departamental en ejercicio termina atropelladamente en una terna para elegir contralor de un municipio?
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No los conmueve ni siquiera la pena. Y no la sienten porque en su mundo los valores se trastocaron, de tal forma, que les importa un ápice eso que llaman la sanción social, la cual de hecho es una deuda actual de esta sociedad en la que vivimos porque ha (hemos) permitido, cuando se mira (miramos) para el otro lado, que lo fácil, el atajo, lo torcido, la trampa y el ‘cómo voy yo ahí’ se normalicen.

La película de la elección del Contralor de Bucaramanga es vergonzosa por donde se le mire. ¿Cómo explica uno que un contralor departamental en ejercicio termina atropelladamente en una terna para elegir contralor de un municipio?, ¿pagan más?, ¿qué es lo atractivo de ese cargo?, ¿lo hace en nombre de Dios o del diablo? Son muchas preguntas que usted, paciente lector, puede elucubrar sobre ellas para terminar en lo mismo en lo que nos la pasamos escribiendo quienes opinamos: que el asalto a lo público es un deporte nacional.

Los entes de control, hace rato, terminaron siendo cuando no fortines políticos para cobrar favores, organismos que practican todo lo contrario al espíritu para lo cual fueron creadas, es decir, el descontrol, o en últimas, para cuadrar la caja del partido, movimiento, clan familiar o empresa electoral -ya todo se parece- que perdió las elecciones.

Concejos y Asambleas, con el fin de ‘lavar’ la escogencia de los titulares a estos cargos, acuden a universidades por lo general de fuera de la región para que lleven a cabo el proceso de selección, y desde ahí, empiezan los problemas. Los ‘interesados’ terminan demandando cada paso con el fin de ir ‘tumbando’ aspirantes, lo que pone en entredicho la reputación de la institución educativa, y no hay calificación que valga, eso es un saludo a la bandera.

A eso sumémosle renuncias, conflictos de interés, griterías y amenazas que a la postre, terminan por confeccionar una terna hecha a la medida de sus intereses. Solo ellos ganan y la ciudad, como lo dijo uno de los concejales (al menos hay uno que otro sensato), es la que pierde.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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