domingo 28 de abril de 2019 - 12:00 AM

Accidentes del universo

Ambos son viejos zorros de la política, no se corresponden porque son como el agua y el aceite, pero el país espera más de sus líderes.

De mafioso a sicario. De filibustero a guerrillero en armas. Que dos líderes políticos, el uno proclamado como el Gran Colombiano del siglo por un canal de televisión por cable, por allá en 2013, y el otro declarado como el sexto mejor alcalde del mundo por un periódico digital, en 2014, se lancen estos epítetos en medio de un debate en el recinto sagrado de la democracia, como debe ser el Congreso de la República, comprueba que en Colombia no somos capaces de lograr acuerdos sobre lo fundamental, como bien lo pregonaba el desaparecido líder conservador, Álvaro Gómez Hurtado, cuando se le consultaba sobre cuáles eran las fórmulas para encarar los principales problemas del país.

Mafiosos y sicarios, guerrilleros y paramilitares, entre unos y otros, se han cobrado la vida de 200 mil colombianos, en los últimos 50 años, entre los que se cuentan 150 mil asesinatos selectivos, entre 1985 y 2012, según las cifras que plasmó en el informe ‘¡Basta ya!’ el Centro Nacional de Memoria Histórica. La violencia no puede ser nunca más un instrumento de lucha política.

Pero, como si estuviéramos viviendo un episodio del mundo orwelliano, la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud y la ignorancia es la fuerza. Álvaro Uribe y Gustavo Petro se instalan, cada uno, en los extremos del espectro político. Ambos son viejos zorros de la política, no se corresponden porque son como el agua y el aceite, pero el país espera más de sus líderes. No el vergonzoso episodio que protagonizaron en el debate previo, la semana pasada, para definir la forma de abordar en el Senado el análisis de las objeciones presidenciales a la JEP.

No se puede instalar, volviendo al viejo Orwell, una especie de ministerio de la verdad que acomoda la realidad a sus intereses, de un extremo y del otro. No es sino entrar a las redes sociales para comprobar la sorprendente transformación de esos unos y otros en terroristas de la palabra. Como bien lo dijo un colega de El Espectador, sobre la pelea Uribe – Petro, ambos son un diminuto accidente del universo.

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