martes 19 de julio de 2022 - 12:00 AM

Además de los bolardos...

La solución al grave problema de indisciplina de los conductores de motocicletas va más allá que instalar bolardos para que estos amigos de violar normas de tránsito no utilicen los andenes como vías expeditas para hacer lo que se les viene en gana.

Tiene que pasar necesariamente por un acto de contrición sobre lo que reconocemos los ciudadanos como autoridad, vista esta como un todo y no como un agente en cada esquina imponiendo comparendos, los cuales no necesariamente producen el efecto deseado de que el infractor, además de afectar su bolsillo, no vuelva a cometer una falta. Dense una pasada por los patios de la Dirección de Tránsito de Bucaramanga para entender que el asunto es más complejo. Allí se pudren las motos detenidas porque sus propietarios prefieren perderlas antes que pagar una multa.

En Colombia, según registros del RUNT a mayo de 2022, estos vehículos representan el 60 % del parque automotor, un poco más de diez millones de motocicletas. Son, por supuesto, quienes contribuyen en mayor medida en los indicadores de accidentalidad.

Cuatro de cada diez accidentados en moto el año anterior no tenían más de dos años de experiencia en conducir y tres de cada diez no contaban con SOAT. En Barranquilla, por ejemplo, el 60 % de los muertos en accidentes de tránsito eran personas que se movilizaban en motocicleta.

Un estudio elaborado por Fasecolda señala que en más del 50 % de los accidentes en el país está involucrada una moto, pero en contraste estos vehículos pagan 2,3 veces menos de lo que les correspondería por su riesgo, sumándole a ello que tampoco tributan. Un costo estimado calcula que, cada año, la accidentalidad le pasa una factura de $3,6 billones a la seguridad social.

Así que no solo es con bolardos ni policías, es también con un decidido programa de educación vial y cultura ciudadana, que incluya a concesionarios, empresas de enseñanza, mensajerías, colegios y universidades, entre otros actores, que reconcilie la norma con el sujeto y nos permita compartir un espacio público más amable del que, a mala hora, se convirtió en patanería.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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