martes 10 de octubre de 2023 - 12:00 AM

Luis Fernando Rueda

Así no es, profe...

En tiempos de debates electorales la inquietud recurrente es determinar quién resulta ganador en esta clase de espacios, los cuales tomaron forma desde la campaña electoral para las elecciones presidenciales de 1960 en los Estados Unidos, entre los candidatos John F. Kennedy y Richard Nixon. Este suceso fue considerado un hito, primero, porque se ‘estrenaba’ la televisión como un medio determinante que acercó los políticos a los electores, y segundo, porque contribuyó a la derrota de un Nixon que lució desaliñado en horario estelar, ese día, ante la audiencia.

Esa presencia de los candidatos en contienda en los medios electrónicos se convirtió, para el ejercicio de la democracia, en un comodín que hoy, en tiempos de redes sociales, es un bocado de cardenal para quienes aspiran a ganarse el favor de los votantes. Sin embargo, el ‘pecado’ más grave de estos formatos es cuando no salta la sangre en los escenarios, o al menos el agua, recordando a Antanas Mockus cuando le arrojó un vaso lleno al rostro del ya desaparecido Horacio Serpa Uribe.

Los medios se preocupan, con suma exageración, por propiciar el enfrentamiento entre aspirantes, dejando de lado la exposición de las propuestas, con tal de que los contricantes se vayan, si pudieran, a las manos. No transcurren 30 segundos y ya los ‘moderadores’, que hacen el papel contrario, atizan la hoguera para generar ese careo, y ese modelo se propagó, desfortunadamente, por todos los rincones.

Y eso lo saben aprovechar ahora los candidatos, quienes recurren a la provocación deliberada de sus contendores, con el ánimo de cautivar seguidores que arranquen aplausos, y de paso, muchos ‘likes’ en sus redes sociales. No importa el escenario. Lo que vale es lograr que el contrincante pierda los estribos.

Eso pasó la semana anterior en un foro organizado por una universidad privada, en donde el candidato Ferley Sierra, que aspira a ser el gobernante de los santandereanos, trató de sacar de casillas, de forma grosera, a Juvenal Díaz, transmitiendo en vivo por sus redes y convirtiéndose en noticia por su bochornoso acto. Y eso que se autoproclama profesor.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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