lunes 27 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

Bucaramanga extraviada

Bucaramanga pasó de ser una de las ciudades más cívicas del país a parecerse a una jungla en la que imperan la indisciplina, el desorden, la informalidad y el poco reconocimiento de la autoridad, por mencionar algunos de los comportamientos más visibles y que se han vuelto una característica común

La Bucaramanga que habita en mis recuerdos es aquella que me permitió jugar en sus calles, cuando era un niño, o la que recorría después a pie o en bus urbano, en plena juventud, con la tranquilidad de ir y volver sin sobresaltos. Era una ciudad que se caracterizaba por la amabilidad de sus gentes, por ser ordenada y por el orgullo que se sentía decir, fuera de ella, de dónde provenía: de la ‘ciudad más cordial’ de Colombia.

Yo lamento tener que despedir este año con una reflexión pesimista sobre el futuro de nuestra capital la cual, si no actuamos en consecuencia, se quedará en la añoranza de lo que fue y las próximas generaciones nos condenarán por haberles heredado una metrópoli que extravió su esencia. Ni siquiera somos capaces de reconocer el escudo de la ciudad, muy poco conocemos sobre sus orígenes.

Bucaramanga pasó de ser una de las ciudades más cívicas del país a parecerse a una jungla en la que imperan la indisciplina, el desorden, la informalidad y el poco reconocimiento de la autoridad, por mencionar algunos de los comportamientos más visibles y que se han vuelto una característica común. La indolencia por lo público es un fenómeno que crece en la medida en que nadie hace ni dice nada, la calle es el reflejo de una sociedad que poco siente por su ciudad y en la que se aplica ‘a donde fueres haz lo que vieres’, pues la norma es chiste.

La conmemoración de los 400 años de nuestra querida Bucaramanga, en el año nuevo que ya llega, debería aprovecharse para construir un proyecto colectivo de formación en cultura ciudadana, sin la vanidad de las redes sociales, que nos devuelva esa sensibilidad por el respeto al otro, la protección de lo público y la cortesía, que involucre a todos los actores posibles, que se siembre desde escuelas y colegios, y que sin tantos diagnósticos y comités técnicos, nos permita actuar antes de que la resaca de las celebraciones nos pasen la cuenta de cobro. Las causas y sus consecuencias ya nos las sabemos de memoria.

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