martes 22 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

Dolores de Cabecera

¿Por qué no también aportan pudiendo colocar vidrios antirruido en sus ventanas?”, propuso un iluminado empresario del entretenimiento, a los 40 mil vecinos de la comuna Cabecera del Llano, como una solución a las afectaciones que producen con su música bares y discotecas que funcionan en la malograda ‘cuadra play’, que ni es una cuadra y tampoco es muy ‘play’.

¡Que genialidad!, ¿cómo no se nos había ocurrido antes?, digo yo. A lo que se podría sumar, por ejemplo, contratar un ejército privado para mejorar los indicadores de seguridad en un sector considerado, por las mismas autoridades, como uno de los dos más ‘calientes’ de la ciudad. O cerrar las vías para que clientes y comensales puedan disfrutar de la rumba y el menú gastronómico a su antojo.

Al amigo defensor del derecho al trabajo, quizás se le olvida que existe una ley, la 1801 de 2016, que en su artículo quinto define la convivencia como “la interacción pacífica, respetuosa y armónica entre las personas, con los bienes y con el ambiente, en el marco del ordenamiento jurídico”, y ello incluye la seguridad y tranquilidad, no ‘patear’ el balón para adelante.

Porque los problemas de Cabecera no se circunscriben exclusivamente a un par de cuadras, se extienden más allá e involucran a un comercio desaforado, sin control alguno, que desplazó hace rato la otrora familiaridad de un barrio tradicional que cedió a su apetito voraz. No es cuestión del ruido simplemente, es que el microtráfico, delincuencia, prostitución, mafias de las ventas ambulantes, riñas, basuras, huecos en las vías, y un largo etcétera, convirtieron este lugar, que no ya tan ‘exclusivo’, en un claro desafío de autoridad.

Las protestas de sus vecinos merecen por supuesto toda su atención. El gobierno local no puede pretender, en su afán por apaciguar los reclamos, comprimir las acciones en un video heroico de un minuto y seis segundos, en su fantasioso mundo de las redes sociales, que se parecen mucho a esa imaginaria república de Liberland. A Cabecera no le cabe un problema más, y eso que sus dos últimos alcaldes son vecinos del lugar.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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