lunes 02 de agosto de 2021 - 12:00 AM

El alcalde eterno

Su tesoro más querido fue la obra que continuó edificando, al cuidado del legado que dejaron sus mentores, para ofrecer educación a las nuevas generaciones de jóvenes en el Instituto Caldas y la Universidad Autónoma de Bucaramanga
Escuchar este artículo

Si las elecciones se ganaran a punta de simpatía, agradecimiento y aprecio, seguramente Rafael Ardila Duarte sería, de lejos, ese alcalde eterno que la tosca realidad de la política le arrebató a esta ciudad, en su momento, cuando decidió poner su nombre a consideración de los bumangueses quienes, para nuestra mala suerte, elegimos la maleza en vez de la siembra.

Si hay un adjetivo que le cabe a este fiel representante del talante santandereano es el de cívico. No hay un ejemplo más claro para explicar qué significa serlo, a quien pregunte cómo se representa, que la vida y obra de este hombre expuestas en cada acción, por mínima que fuera.

“Estamos como en un vacío, en una tierra de nadie y, por ello, corresponde a la juventud prepararse para asumir el funcionamiento normal de Colombia, la rectificación indispensable y marcar el rumbo nuevo, dentro de las realidades que deja una nueva catástrofe”, dejó escrito en un discurso inédito este exitoso empresario quien, como el rey Midas, volvía oro lo que tocaba.

Su tesoro más querido fue la obra que continuó edificando, al cuidado del legado que dejaron sus mentores, para ofrecer educación a las nuevas generaciones de jóvenes en el Instituto Caldas y la Universidad Autónoma de Bucaramanga. “Tener como objetivo finalista dejar en cero el analfabetismo y que cada compatriota tenga una profesión, una destreza técnica o una capacidad laboral para ganarse la vida”, reafirmó en esas palabras cargadas de profundas reflexiones, las cuales preparaba para compartirlas con los nuevos profesionales en la graduación que no alcanzó a presidir, su preocupación por generar oportunidades de progreso.

Como si supiera que su viaje al Oriente Eterno se aproximaba, escribió estas líneas que reflejaban su visión sobre la actualidad, los nuevos enfoques del profesional y una mirada al optimismo, esta última un rasgo característico de su personalidad: “cuando pase la oscuridad del presente, la luz al final del túnel nos devuelva la esperanza, la responsabilidad será cada vez mayor porque, en poco tiempo, debemos recuperar el tiempo perdido y construir las bases del proyectado porvenir”. Se fue un grande, lo extrañaremos.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad