lunes 22 de julio de 2019 - 12:00 AM

El mundo no nos va a esperar

La transformación en la economía que está generando el mundo digital nos pone frente a varios desafíos

Todo ahora es con aplicaciones. El servicio de taxi, como se presta actualmente, va a desaparecer”. Esta sentencia no proviene de algún gurú de la economía naranja, obedece al sentido común de un conductor, que entre resignación y enojo, acepta que la tecnología avanza más rápido que la capacidad de adaptación para su regulación.

“Un cupo está por el orden de los 100 millones de pesos, cambiar el carro suma otros 40 millones, la cuota de afiliación mensual a una empresa es de 60.000, fuera de eso hay que pagar cinco seguros y el carro diario hay que entregarlo tanqueado y lavado, sin contar el mantenimiento que obliga cuando falla. ¿Entiende ahora por qué es que protestamos?”, advierte en tono de pregunta.

En la otra cara de la moneda está el conductor de un carro particular que acude a estas plataformas digitales para paliar la falta de un empleo formal. Trabaja doce horas diarias, y a la semana, cuando “está buena”, se cuadra 200.000 pesos luego de consignarle al servicio digital. Del producido tiene que sacar para gasolina y el mantenimiento del vehículo. Más abajo, en esa estratificación perversa de la informalidad, están los domiciliarios que a punta de pedalazos “la sudan” para entregar, en el menor tiempo posible, el deseo gastronómico de un usuario. Saben que una buena calificación sirve para hacer más domicilios, por eso no descansan ni los domingos. Al día recogen, con propinas incluidas, un promedio de 20.000 pesos.

Estos tres casos forman parte, por un lado, del 48,1% de colombianos que trabajan en la informalidad en un país en donde el desempleo no muestra tendencias a la baja, y por el otro, del 77% que, según cifras del Departamento Nacional de Planeación, no tendrá acceso a una pensión.

La transformación en la economía que está generando el mundo digital nos pone frente a varios desafíos. Uno, regular esta clase de servicios con el fin de proteger a ese sector de la población que gana menos de un salario mínimo, y dos, establecer las reglas del juego para que la competencia sea entre iguales.

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