lunes 04 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Hacia la ‘nueva’ normalidad

El mito del trabajador ‘pagando’ ocho horas nalga en el tradicional horario de 8 a 12 y 2 a 6 se rompió gracias a la cuarentena. Ya ese argumento no vale.
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Garantizar el distanciamiento social. Esa es la piedra angular sobre la cual se debe construir el paulatino regreso a las actividades de la nueva vida ‘normal’ ante la ausencia por ahora de una vacuna que proteja a la población del coronavirus covid-19. ¿Qué tanto estamos preparados para ello? Las imágenes que muestran medios de comunicación y las redes sociales es que, por donde vamos, no es el camino. Nuestra frescura tropical, que traducido al castellano significa indisciplina, francamente nos lo impide.

A pesar del esfuerzo hecho por multiplicar el mensaje #QuédateEnCasa hay mucha gente en la calle anteponiendo muchas cosas de primero que la propia salud. Las autoridades se ven a gatas para controlar tanto indisciplinado que pesca en río revuelto y se sale con la suya. Empezando por quienes más deben dar ejemplo, nuestros legisladores, que va a pasar la cuarentena, y a punta de leguleyadas, no fueron capaces de ponerse de acuerdo para trabajar de manera remota, como lo está haciendo medio país. Claro, la otra mitad está buscando cómo sobrevivir pero ese es otro tema. Nuestra mala educación, tristemente, nos puede salir muy cara.

Volviendo al cómo regresar a nuestras actividades bien vale la pena abrir el debate sobre la propuesta del alcalde Juan Carlos Cárdenas, de pensar una Bucaramanga que amplíe su jornada laboral aprovechando las 24 horas del día, de manera que se eviten las aglomeraciones en el transporte público, el comercio, la banca y cualquier otro tipo de actividad que implique reunir personas en espacios limitados. El mito del trabajador ‘pagando’ ocho horas nalga en el tradicional horario de 8 a 12 y 2 a 6 se rompió gracias a la cuarentena. Ya ese argumento no vale.

La epidemióloga Zulma Cucunubá propone pensar por fuera de recetas tradicionales la ‘nueva’ normalidad, “aprendiendo a vivir con menos uso de medios masivos de transporte, más bici y caminar, menos reuniones presenciales interminables que pueden ser online o un correo, menos viajes en avión o carro innecesarios de esos de un día y más tiempo en casa y en familia”. Eso revierte en calidad de vida.

Garantizar el distanciamiento social. Esa es la piedra angular sobre la cual se debe construir el paulatino regreso a las actividades de la nueva vida ‘normal’ ante la ausencia por ahora de una vacuna que proteja a la población del coronavirus covid-19. ¿Qué tanto estamos preparados para ello? Las imágenes que muestran medios de comunicación y las redes sociales es que, por donde vamos, no es el camino. Nuestra frescura tropical, que traducido al castellano significa indisciplina, francamente nos lo impide.

A pesar del esfuerzo hecho por multiplicar el mensaje #QuédateEnCasa hay mucha gente en la calle anteponiendo muchas cosas de primero que la propia salud. Las autoridades se ven a gatas para controlar tanto indisciplinado que pesca en río revuelto y se sale con la suya. Empezando por quienes más deben dar ejemplo, nuestros legisladores, que va a pasar la cuarentena, y a punta de leguleyadas, no fueron capaces de ponerse de acuerdo para trabajar de manera remota, como lo está haciendo medio país. Claro, la otra mitad está buscando cómo sobrevivir pero ese es otro tema. Nuestra mala educación, tristemente, nos puede salir muy cara.

Volviendo al cómo regresar a nuestras actividades bien vale la pena abrir el debate sobre la propuesta del alcalde Juan Carlos Cárdenas, de pensar una Bucaramanga que amplíe su jornada laboral aprovechando las 24 horas del día, de manera que se eviten las aglomeraciones en el transporte público, el comercio, la banca y cualquier otro tipo de actividad que implique reunir personas en espacios limitados. El mito del trabajador ‘pagando’ ocho horas nalga en el tradicional horario de 8 a 12 y 2 a 6 se rompió gracias a la cuarentena. Ya ese argumento no vale.

La epidemióloga Zulma Cucunubá propone pensar por fuera de recetas tradicionales la ‘nueva’ normalidad, “aprendiendo a vivir con menos uso de medios masivos de transporte, más bici y caminar, menos reuniones presenciales interminables que pueden ser online o un correo, menos viajes en avión o carro innecesarios de esos de un día y más tiempo en casa y en familia”. Eso revierte en calidad de vida.

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