lunes 28 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Halar del ovillo

Las plataformas son lo de menos, lo que importa es ‘lo que va por dentro’. Hay que diversificar las fuentes, no ‘casarse’ con ellas, contrastar las versiones
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Desde hace un par de semanas he visto y escuchado en diferentes medios de comunicación -en Vanguardia también- la campaña ‘Creo en el periodismo’, que busca revalidar su compromiso con la verdad en un mundo que hunde su cabeza en la alcantarilla de las redes sociales, en donde lo último que se privilegia es el rigor informativo. Ya el documental The Social Dilemma, estrenado en Netflix, da cuenta de las verdades prefabricadas para las preferencias de cada quien, como si fuesen una religión.

Los medios de comunicación, cualquiera que sea su naturaleza, y los reporteros que trabajan en ellos, más allá de la preocupación por las nuevas narrativas y los lenguajes mediados por la tecnología, deben saber que el principal factor por el cual se diferencian de toda la basura que circula por redes sociales es la calidad del periodismo que ejercen. Y eso significa entender el mundo para no caer en la trampa de los titulares tendenciosos los cuales, filtrados muchas veces desde fuentes interesadas, logran convertir un embuchado en noticia, con escándalo a bordo, cuando no es que buscan desviar la atención.

La duda es el principio universal que sirve como escudo para no morder el anzuelo y la capacidad de preguntar es el antídoto frente a la mentira. La búsqueda de las nuevas audiencias -principal preocupación de los medios- no puede otorgar título de periodista a cualquier persona que con su teléfono graba un video o dar licencia a activistas que se prestan para el doble juego entre la militancia y la autopromoción.

Las plataformas son lo de menos, lo que importa es ‘lo que va por dentro’. Hay que diversificar las fuentes, no ‘casarse’ con ellas, contrastar las versiones. Caminar más y depender menos del WhatsApp, documentarse en vez de hacer ese periodismo de declaraciones que tanto nos gusta y halar del ovillo para llegar al fondo de las historias.

Así se evita la tentación de amplificar titulares envenenados que distorsionan la realidad, poniéndose al mismo nivel de lo que los medios intentan justamente desvirtuar, la falsa información. El periodismo es, en esencia, un servicio público.

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