lunes 25 de mayo de 2020 - 12:00 AM

¡La caricatura vive!

Con esa decisión perdimos los lectores, pierde el periodismo y, de alguna manera, se pierde pluralismo en el sentido filosófico de la palabra.
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La risa, remedio infalible. Esa frase, tomada de los chistes que, regularmente, aparecían en la publicación de ‘bolsillo’ Reader’s Digest, tiene la misma connotación para un género que hace parte de la propia entraña del periodismo, la caricatura, un formato que mezcla inteligencia, sátira y gracia, capaz de plasmar en un dibujo la opinión de su autor sobre los acontecimientos diarios y sus protagonistas.

Esa poderosa combinación, muchas veces ‘letal’, logra ponernos a pensar a quienes buscamos interpretar su significado y, por lo menos, nos saca una sonrisa socarrona. El caricaturista acierta poner el dardo en el ‘blanco’, en la mayoría de ocasiones, de una manera que las palabras no alcanzan a hacerlo. Caricaturizar es representar exageradamente los rasgos de una persona o ridiculizar en cierta forma los hechos.

Soy admirador de su trabajo. Al igual que las tiras cómicas de Calvin y Hobbes, Olafo el vikingo, Carlitos (Charlie Brown), Justo y Franco, Mafalda y otras que hoy ya no atrapan a los más jóvenes, viñetas que emigraron también de este vecindario, las ocurrencias de Kékar, Argón y Diego ya no nos acompañan en el desayuno de todos los días. Esa fue la noticia de un domingo hace ya dos semanas atrás, en el editorial de este diario. Para mí es una lástima que este periódico, patrimonio santandereano, tuviera que prescindir de los trazos de sus caricaturistas, por motivos financieros. Con esa decisión perdimos los lectores, pierde el periodismo y, de alguna manera, se pierde pluralismo en el sentido filosófico de la palabra.

Si hubiese un día el cual los medios tradicionales de comunicación quisieran borrar de su historia fue ese en el que aceptaron subir sus contenidos a internet para ser consultados libremente. Con la obligación de hacerse visibles para una audiencia creciente en el universo digital no vieron venir el monstruo de los grandes conglomerados informáticos que mordieron no un trozo sino la mayor parte de la torta publicitaria. A ello hay que sumarle el impacto de la pandemia, que todo lo que toca lo vuelve incierto.

Me quedo con la frase optimista de Diego: ¡la caricatura vive!

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