martes 28 de noviembre de 2023 - 12:05 AM

Luis Fernando Rueda

La muerte lenta de la TV tradicional

¡No hay nada que ver!”, exclama la señora de casa luego de hacer zapping o ‘canaleo’, pasando, mal sumados, por 200 canales en su sistema de cable. “Mejor me busco una peli...”, y cambia a las plataformas de streaming que, por ‘coincidencia’, le ayudan en la tarea: producciones recomendadas, el top de las más vistas, las diez colombianas del momento, las que dejó a punto de terminar y, si persiste la duda, ‘porque te han gustado a ti’.

El consumo de entretenimiento a través de la televisión cambió. El aparato, que fue el centro de atención en la sala del hogar, hoy es un mundo de pantallas en las que cada quien mira lo que le apetece. La dispersión es abrumadora. Un jovencito, que no conoció la estrechez de posibilidades cuando apenas teníamos dos canales públicos para ver, se pone frente a la pantalla del televisor inteligente para seguir cualquier transmisión deportiva, y su interacción no es con el duelo entre los protagonistas, su atención está en el celular.

Nicholas Negroponte, fundador del laboratorio de diseño y nuevos medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), publicó en 1995 el libro ‘Ser digital’, en el cual preveía el desarrollo del video en demanda (VOD, por sus siglas en inglés) como un factor que revolucionaria el negocio de la televisión. 30 años atrás era ciencia ficción. En ese entonces formábamos parte de una generación que creció con su vida organizada alrededor de los horarios de la TV.

Un estudio de la empresa Kantar Media, referenciado por el diario El País, encontró que en una década la audiencia de la televisión lineal en España envejeció diez años. La edad media de espectadores ahora es de 58 años.

Netflix, el gigante del streaming, superó sus metas de crecimiento en número de suscriptores, a pesar de imponer la cancelación de membresías compartidas fuera de un solo hogar, para alcanzar 300 millones de abonados en el mundo. Cuando leo eso me pregunto a dónde irán a parar los 200 canales de la señora de marras. Asistimos, muy posiblemente, a la muerte lenta de la televisión lineal.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad