lunes 05 de agosto de 2019 - 12:00 AM

La pose es de lo menos

No es solo el candidato, es ver de quiénes está rodeado, cuál es esa ‘guardia pretoriana’ que se encarga de los aplausos, cómo financia su campaña, quién le carga el maletín.

No es solo el candidato, es ver de quiénes está rodeado, cuál es esa ‘guardia pretoriana’ que se encarga de los aplausos, cómo financia su campaña, quién le carga el maletín, cuántas ‘volteretas’ ha dado en su búsqueda por alcanzar un cargo público o de elección popular, qué tan ‘ancha’ es su billetera y de qué manera obtuvo un aval o cómo logró reunir las firmas necesarias para inscribirse.

Porque la candidata o el candidato a estas elecciones regionales que se avecinan, en tiempos en los que el frenesí de las redes sociales impone estrategias no superiores a los siete segundos para ‘enganchar’ a un posible seguidor y mensajes en video que no superen el minuto de duración, puede acudir perfectamente al bótox, el Photoshop o el maquillaje con el fin de transmitir esa imagen pulcra, de mansa paloma, de hombre trabajador o mujer emprendedora. La pose, francamente, es lo de menos.

Se trata de espulgar en su círculo con el fin de seguirle la pista a sus ambiciones. Tenerlas -las ambiciones- no es pecado, son los pasos que se dan para cumplirlas. Ahí es donde están los detalles porque el camino al infierno, como reza el refrán, está empedrado de buenas intenciones.

Hay que ver, por ejemplo, cómo se repartieron coavales para que un excongresista hijo de un exgobernador condenado en 2003 por paramilitarismo, elegido en su momento por ese vergonzante partido llamado Convergencia Ciudadana, hermano de un congresista y también exgobernador que ahora actúa como vocero de Cambio Radical, aspire a la Gobernación por cuenta del partido Conservador. Así es la coherencia ideológica de nuestra dirigencia.

O la esposa de un senador, tía a su vez del actual gobernador de Santander, resulte coavalada para aspirar a la Alcaldía de Bucaramanga por los partidos Liberal y Centro Democrático, antagónicos en otros escenarios, pero unidos en un raro capítulo de lazos familiares. Toda una repartición previa de la burocracia entre tíos, primos, hermanos, esposos, en una espiral que se repite.

Termino con este comentario: “Es la estupidez de la sociedad incapaz de analizar la realidad y pretender ocultar lo evidente”.

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