lunes 17 de junio de 2019 - 12:00 AM

Lecciones de un encargo

Bucaramanga no se merece lo que le está pasando. La dirigencia gremial debe sacar a relucir su liderazgo cívico para hacerse sentir con
contundencia

Ni una palabra se le ha escuchado al señor gobernador Didier Tavera, sobre su decisión de escoger en el encargo de alcalde provisional de Bucaramanga al señor Germán Torres Prieto, declarado insubsistente tres meses atrás como director de Tránsito, por el ahora alcalde suspendido Rodolfo Hernández. Vaya paradoja las que se trae la ‘política dinámica’ en esta patria en donde todo suele ser posible: quien fuera despedido por la puerta de atrás regresó montado en la silla de quien fuera su verdugo. Surrealista, ¿no?

En gran parte llegamos hasta este punto por la tozudez de un mandatario que casó cuanta pelea pudo -algunas necesarias, otras quizás no- con la clase política, en su afán de espantar la corrupción por medio de un discurso que, por desgracia, se quedó para el imaginario en eso. Los rivales del singular alcalde le cobraron su constante enfrentamiento con el Concejo Municipal, el impopular incremento del impuesto predial, el lamentable caso de Vitalogic y el desafortunado ‘pescozón’ al edil Jhon Claro.

Sus asesores gauchos, que bien pueden ayudar mejor a levantar la imagen del alicaído Macri en su Argentina, se han equivocado con la estrategia de concentrar la comunicación en las manipuladoras redes sociales. Por su parte los medios de comunicación, tan proclives a cubrir lo que sea escándalo, se dedicaron a resaltar esa faceta del ingeniero y llegaron, quizás muy tarde, a reconocer las ejecutorias por mostrar.

Bucaramanga no se merece lo que le está pasando. La dirigencia gremial debe sacar a relucir su liderazgo cívico para hacerse sentir con contundencia. En mes y medio arrancan las campañas políticas locales y esta novela en la que se convirtió la suspensión de Hernández no le puede abrir la puerta de nuevo a las mafias politiqueras que se saborean, con todos los dientes, poder recapturar su botín más preciado: la Alcaldía de Bucaramanga.

El alcalde encargado tiene sobre sus hombros la inmensa responsabilidad de actuar con grandeza y demostrar que su inesperado nombramiento no obedeció ni a un revanchismo político ni tampoco a una filigrana orquestada por los enemigos de esta administración. Ese es el punto.

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