lunes 30 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Lo que no se puede olvidar

De allí (Concejo de Bucaramanga), afortunadamente, salieron esos penosos ‘caciques’ que se repartieron por años el poder burocrático de la ciudad.
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El 21 de junio de 2019 quedó consignado en la historia reciente de la capital santandereana como el día en el que la clase política tradicional fue espantada del centro administrativo municipal cuando el entonces jefe de Gobernanza, Manuel Francisco Azuero Figueroa, paró en seco las perversas intenciones de una combinación de malquerientes oscuros de la administración local que, ante la salida forzosa de quien fuera el alcalde titular, nombró luego de una treta jurídica por recuperar el poder un reemplazo ‘envenenado’ que les resultó fatal.

Ese hecho, calificado por los corrillos unidos con su bazofia como un ‘acto de conspiración’, lamentando quizás otros tiempos de generosa retribución, fue uno de los puntos de inflexión que permitió, cuatro meses después, dar el golpe de gracia a esa mal llamada ‘clase política’ que se reproduce y muta, como la mala hierba.

El nuevo alcalde de Bucaramanga, que tomará posesión este miércoles de Año Nuevo en su alma mater, recibe un valioso capital político. Los cuatro años de la administración de Rodolfo Hernández tendrán continuidad en la medida en que el mandatario entrante construya sobre lo construido, corrija lo que a bien tenga que corregir y resuelva las principales necesidades de los bumangueses, que pasan por la informalidad, la seguridad, la movilidad, el sitio final de disposición de residuos sólidos y la protección de los recursos naturales, entre los más urgentes.

En esos propósitos tendrán todo que ver los nuevos concejales que asumirán sus curules, impulsados por el aire fresco de una necesaria renovación en esa corporación, que les otorga margen de acción para ejercer el debido control político, argumentar con la altura que su investidura se merece y trabajar con el rigor necesario sin los ‘cálculos’ políticos de sus antecesores. De allí, afortunadamente, salieron esos penosos ‘caciques’ que se repartieron por años el poder burocrático de la ciudad.

Viene ahora, para el nuevo equipo de gobierno empoderado por una administración saliente que recibió el respaldo popular, enfrentarse al terreno árido de la gestión pública y al enemigo agazapado de la corrupción. A menos de 200 metros están los que quieren regresar.

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