lunes 27 de mayo de 2019 - 12:00 AM

¿Más paciencia?

Pasarán los años y seguiremos viendo nuestra ‘highway’ como un monumento emblemático al subdesarrollo.

Habitamos un territorio conurbado que ha hecho difusas sus fronteras en donde son más los elementos que nos unen que los que nos separan. Uno de estos es la autopista que une a Bucaramanga con los municipios de Floridablanca y Piedecuesta. Este corredor vial -quizás el más importante y a la vez crítico en criterios de movilidad- viene siendo intervenido desde enero de 2006, cuando iniciaron los trabajos de construcción de los carriles exclusivos del sistema integrado de transporte masivo, con el fin de mejorar justamente la conectividad diaria de 120 mil usuarios del SITM y un volumen de tráfico de más de 80 mil vehículos que transitan por esta vía.

Pero no hubo tal mejoría. Vinieron entonces, a inicios de 2015, las obras de ampliación de 2,1 kilómetros, entre Puerta del Sol y el puente de Provenza, bautizado como ‘Tercer carril’, que pasó de 6 a 10 carriles, con el fin de “destrabar” el flujo que se represaba a esa altura de nuestra ‘autopista’. Un par de kilómetros más hacia el sur, entre Molinos Altos y TCC -otro lugar de atasco vehicular- se contrató (a finales de 2015) un nuevo frente de obra, el tercer carril de Floridablanca, interviniendo 1,8 kilómetros y desarrollando la construcción de dos puentes.

Han pasado ¡trece años! en los que los habitantes del sur de la meseta de Bucaramanga han tenido que incomodarse, entre trancones y obras, para desplazarse de su casa a sus actividades o viceversa, y se han invertido mal contados cerca de 800 mil millones de pesos, con el argumento del progreso. Mientras tanto, en el sector donde hoy se adelantan las obras, impera la ley de la selva. No es posible que un tramo que no supera los dos kilómetros, que normalmente se transita en tres minutos, esté convertido hoy en un pandemónium de más de una hora de recorrido.

¿Y las autoridades? Bien, gracias. Ni un solo alférez asoma por allí. Los gobernantes piden paciencia, la pregunta es ¿de cuánta más hay que cargarse? Pasarán los años y seguiremos viendo nuestra ‘highway’ como un monumento emblemático al subdesarrollo.

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