lunes 06 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

No aprendimos nada

Lo que vimos en ese recinto de lo absurdo (...) fue la confirmación de una elección cantada. A todos nos cabe un poco de culpa al haber dejado elegir a esos clanes que han ‘amasado’ el poder regional.
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Despuntaba el nuevo siglo en Bucaramanga y sobre su cielo se cernía una nube negra que hoy todavía cubre el ejercicio de la política en este territorio. Los santandereanos, tan acostumbrados a desconfiar del vecino, no alcanzamos a calcular el inmenso daño que un grupo de recién aparecidos en el escenario de la dirigencia local, con ganas de ‘comerse’ todo lo que saliera a su paso, podría causar.

Habría que escuchar a un exdirigente gremial, que se plantó muchas veces en solitario para denunciar la corrupción que asomaba sus tentáculos en tiempos vigentes del ya desaparecido movimiento político Convergencia Ciudadana, para entender la dimensión de lo que hoy pasa en nuestra región. Eran épocas en las que se brindaba cada nuevo ‘golpe’ con whisky sello azul, el de los ‘poderosos’.

Veintiún años después los responsables de ese entramado de alianzas, pactos, favores, compra de avales, financiación de campañas y carteles de la contratación, incluidos condenados, volvió a brindar con ‘amarillo’, en un club privado de la ciudad, la elección de Fredy Antonio Anaya Martínez, un hombre sobre el cual se ha ido construyendo un mito que arrancó aplausos y vítores en el recinto de la Asamblea de Santander, apenas resultó favorecido por los votos de los nueve diputados que lo convirtieron en nuevo contralor departamental.

Si hay algo que menospreciamos a menudo es la ventaja que esa clase política nos lleva a la hora de hacer la tarea que bien saben, con cálculo fino, para moverse a sus anchas con el fin de complacer sus ambiciones. El desprestigio con el que cargan las corporaciones públicas juega a favor de quienes esconden el voto bajo el manto de la duda, y sin sonrojarse siquiera, le ‘sacan el quite’ al mandato de los ciudadanos que dicen representar.

Lo que vimos el martes de la semana pasada, en ese recinto de lo absurdo que es la duma, fue la confirmación de una elección cantada.

A todos nos cabe un poco de culpa al haber dejado elegir a esos clanes que, durante dos décadas, han ‘amasado’ el poder regional. No aprendimos nada, en absoluto.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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