lunes 18 de enero de 2021 - 12:00 AM

No es tiempo de secretismos

Una población cansada, también angustiada, que ve como vecinos de barrio ya iniciaron sus programas de vacunación, merece que sus gobernantes actúen de forma cohesionada, sin cálculos políticos y con propósito de nación
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El inmenso desafío que tienen los gobiernos democráticos, de cualquier tendencia política, cuando están frente a hechos inusuales que los obliga a gestionar situaciones críticas, como una pandemia por ejemplo, es que sus ciudadanos estemos lo suficientemente bien informados sobre las determinaciones tomadas conducentes a mitigar los efectos que, sobre la población, pueda una situación como esta poner la vida en riesgo.

Todos hemos visto el nivel de complejidad que tiene administrar lo público en medio de la incertidumbre y la dificultad de llevar, con el mayor alcance, un mensaje que logre entender toda la ciudadanía, y entre los efectos más importantes, ponerla del lado de las decisiones, así estas sean impopulares, por el impacto sobre la economía y por lo atractivas que resultan para aquellos gobernantes con una que otra neurona narcisista o totalitaria que se les pueda alborotar.

Si bien las reacciones que se han desatado a raíz de la polémica sobre el inicio del plan de vacunación contra el contagio del COVID-19 caben dentro del debate necesario, el Ministerio de Salud, superada la tormenta, debe manejar las comunicaciones con pinzas, de cara al reto que implica inocular a una población proyectada, según cálculos oficiales, en 35 millones de colombianos en el menor tiempo posible.

La difusión diaria y el acceso a la información pública tienen que ser, necesariamente, transparentes, sin matices, porque sencillamente en un ejercicio de comunicación de semejante envergadura no pueden haber zonas grises. Los anuncios deben ser precisos y articulados con todos los actores, de cualquier orden, que van a participar en el mayor reto sanitario que el país ha acometido en las últimas décadas y la vocería no admite ‘disidencias’.

Si hay algo que le hace daño a cualquier esfuerzo de comunicación, aumentado ahora por la tentación de hacer anuncios por redes sociales, es la proliferación de mensajes desde todas las trincheras, los cuales lo único que aportan es confusión. Una población cansada, también angustiada, que ve como vecinos de barrio ya iniciaron sus programas de vacunación, merece que sus gobernantes actúen de forma cohesionada, sin cálculos políticos y con propósito de nación.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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