lunes 13 de mayo de 2019 - 12:00 AM

No más Juan Valderrama

No entiendo la obsesión por escarbar cada detalle, desde que se supo la desaparición de la mujer, como si este fuera el caso del siglo, por encima de los demás

Es una súplica. Cada vez que se publica su nombre en los medios de comunicación se revictimiza a las 1.724 mujeres que en los dos últimos años, según Medicina Legal, corrieron con la misma suerte de Ilse Amory Ojeda, la ciudadana chilena que, al parecer, fue asesinada hace un par de semanas en cercanías de Rionegro (Santander) por este sujeto quien, al paso que vamos, terminará vendiendo los derechos de su macabra historia a Netflix.

No entiendo la obsesión por escarbar cada detalle, desde que se supo la desaparición de la mujer, como si este fuera el caso del siglo, por encima de los demás. Los micrófonos estuvieron abiertos desde el mismo momento en el que el sospechoso decidió dar declaraciones, a diestra y siniestra, sobre el destino de su pareja.

Supimos, como alimento para el morbo, cual fue la última tienda que visitaron, los instantes en que fue capturado -con transmisión en vivo por redes sociales-, el despliegue policiaco para rescatar el cuerpo encontrado, el traslado del supuesto victimario a la cárcel Palogordo y, como si fuera poco, el señor general comandante de la Policía Metropolitana de Bucaramanga decidió rendirle tributo a la finada con un destacamento de carabineros, en el lugar donde encontraron los restos mortales, homenaje un tanto exótico como surrealista.

Eso es “lo que pide el mercado”, o peor, eso es lo que pide Bogotá. En este tipo de noticias, como en todas, debe caber la sensatez. Yolanda Ruiz, directora de los servicios informativos de RCN Radio, explica esta aberración del periodismo -publicar todo lo que estimule clics- así: “Para ti las víctimas no son seres humanos que están sufriendo, sino insumos para poder meterle un poquito más de emocionalidad a la noticia. A mi eso me preocupa. Cuando la víctima se vuelve un insumo”.

Así como las autoridades fueron tan diligentes con el caso de la excarabinera, deberían serlo para esclarecer los tres homicidios acaecidos con sicariato en los últimos meses en la ciudad.

Si el presunto homicida se corta el cabello o si en otra vida fue un ‘gigoló’, eso mejor déjenselo a Netflix.

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