lunes 11 de febrero de 2019 - 12:00 AM

¡Qué burrada!

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En tiempos en los que las famosas redes sociales parecieran ser el repositorio de todo lo bueno y lo malo que ocurre en el mundo, aún sobrevive un grupo de población que, acudiendo a la sabiduría popular, es capaz todavía de alzar su voz sin la necesidad de someter su reacción a lo que piensa el universo digital.

Recientes acciones impuestas por la autoridad de tránsito de la ciudad, con el argumento de invertir unos recursos obtenidos gracias a un premio otorgado el año anterior, los cuales se debían aprovechar en el diseño y ejecución de una estrategia para disminuir la accidentalidad en diferentes puntos neurálgicos de la ciudad, produjo el rechazo de los usuarios -entiéndase conductores de vehículos- en esos lugares pues, como se titula esta columna, calificaron estas acciones como una auténtica “burrada”.

Discutir sobre la pertinencia de ese tipo de determinaciones no tiene sentido ante el argumento de que, en efecto, sirven para salvar vidas. Según la Organización Mundial de la Salud los accidentes de tránsito son considerados un problema de salud pública. Aumentar tan solo 1 kilómetro por hora la velocidad media de un vehículo -afirma la OMS- incrementa en un 3 % las posibilidades de sufrir un accidente con lesiones y -ojo al dato- un 5 % la incidencia en accidentes mortales.

Pero implementar este tipo de acciones, de buenas a primeras, sin haber dado al menos una explicación, ha dejado un sinsabor en los sectores intervenidos de Bucaramanga porque, sencillamente, al no escuchar primero y comunicar después, se produjo el efecto contrario. No discuto que las iniciativas por disminuir la tasa de accidentalidad sean útiles, claro que sí, pero una buena campaña de divulgación de la estrategia de movilidad, con el suficiente tiempo, con la participación de los medios de comunicación y, por supuesto -ahí sí tienen toda la utilidad-, de las famosas redes sociales, le hubiera ahorrado a la actual administración abrir un nuevo flanco de crítica a su gestión, justo ahora cuando las caballerizas preparan la carrera para su mejor caballo. A veces, me enseñaron mis progenitores, resulta mucho más sabio escuchar.

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