martes 25 de octubre de 2022 - 12:00 AM

Rodolfo, el breve

El titular es prestado. Se lo escuché hace unas semanas al analista de Caracol Radio en las mañanas, Hernando Herrera, al explicar qué pasaría en el instante en que el senador Rodolfo Hernández renunciara a su curul. Sencillamente no sería remplazado por nadie, pues así lo determina el Estatuto de Oposición, por lo tanto, el paso por el Congreso de la República del pintoresco excandidato presidencial sería uno de los más breves de nuestra historia republicana.

El empresario santandereano, extraviado en la política, siempre se mostró renuente a liderar el contrapeso al nuevo gobierno, en cabeza de Gustavo Petro, el cual se ganó por derecho propio por ser el candidato derrotado en la segunda vuelta presidencial, botando a la caneca de la basura - esta última lo tiene en líos judiciales- 10’580.412 votos de colombianos que, unos, creyeron en su ‘propuesta única de venta’ de quitarle la chequera a los corruptos, y otros, llegaron espavoridos a su campaña para refugiarse del trueno.

Hernández logró convocar a su alrededor a las fuerzas vivas de la región, las cuales le manifestaron públicamente su apoyo, pensando quizás con el deseo de ver, por fin, a un santandereano en el solio de Bolívar, luego de 145 años de no tener a un coterráneo ocupando esa dignidad. A todos se nos olvidó que tres años atrás hizo lo mismo cuando renunció a la Alcaldía de Bucaramanga, para sacarle el quite a una eventual destitución de la Procuraduría.

El máximo dirigente del ahora partido político Liga de Gobernantes Anticorrupción es lo que el periodista y escritor Moisés Naim llama un demagogo populista al cual “las élites habían creído que podrían incorporar, atrapar y controlar”, en su angustiante desespero por no perder el poder. Ese experimento, sobre seguro, hubiera salido muy mal.

El verbo fácil del próximo excongresista daría mejor para hacer de explicador, ese exótico personaje que Irene Vallejo, en El infinito en un junco, describe como “rapsodas, trovadores, titiriteros y narradores. Su tarea consistía en leer los rótulos de las películas para el público analfabeto y animar la sesión”. En Santander nos merecemos mucho más.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad