lunes 13 de enero de 2020 - 12:00 AM

¡Somos el país más feliz del mundo!

... lo ponen a uno a pensar qué carajos reconocemos los colombianos como felicidad
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Vaya, vaya... Diría uno que, definitivamente, se muere de hambre el que quiere, pero hacer de la felicidad un indicador sustancial de aquellos que tanto les encanta a los tecnócratas suele ser de esos saludos a la bandera que nutren a los medios de comunicación en esta ‘temporada baja’ de información.

Sin embargo, entrado en gastos, dos medios de circulación nacional destacaron, simultáneamente, esa ‘feliz’ conclusión. Por un lado, según la firma Asociación Mundial WIN-Gallup, Colombia sigue siendo el país más feliz del mundo, o por lo menos lo es entre las 46 naciones tomadas en cuenta para el estudio, por encima de Indonesia, Ecuador, Kazajistán y Nigeria, sus más inmediatos ‘competidores’. Nuestro índice de felicidad es del 88 por ciento. De otra parte, en la Encuesta Mundial de Valores, financiada por Confama y realizada por Invamer, el 89 por ciento de los colombianos se considera feliz y el grado de satisfacción con la vida es de 8,16 sobre 10.

Estas cifras, en contraste con un país en el que cada dos días es asesinado un líder social, el 1 por ciento de su población concentra el 40 por ciento de la riqueza, el 1 por ciento de las fincas de mayor tamaño ocupan el 81 por ciento de la tierra, un millón de hogares campesinos vive en un espacio inferior al que tiene una vaca para pastar, el número de desempleados crece más rápido que los puestos de trabajo que se crean, cerca de 51 niñas sufren abuso sexual cada día, se pierden 50 billones de pesos por corrupción al año, y la lista se haría interminable, lo ponen a uno a pensar qué carajos reconocemos los colombianos como felicidad.

De colofón les dejo esta otra frase que encontré en ese oráculo que es la web: “Podemos vivir con mucho menos, esa es la verdad. Hay que decirlo, aunque se irrite la amable audiencia. Los afanes de nuestra vida cotidiana, en gran medida, son los afanes de la frivolidad, de lo superfluo, en todas las clases sociales”. Como decía un célebre locutor barranquillero... “Sean felices, Edgar les dice”.

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