martes 03 de octubre de 2023 - 12:00 AM

Luis Fernando Rueda

Tirar el cargo

Los verdaderos timados cuando un gobernante renuncia antes de que se cumpla el periodo de su administración son sus electores. Lo hizo Antanas Mockus, en 1997, cuando se dejó tentar por la ambición de ser presidente de los colombianos, mientras cabalgaba en la cima de su favorabilidad, siendo un inédito mandatario salido completamente del molde tradicional. Mockus, a la postre, le pidió perdón a los bogotanos y volvió, nuevamente, a ser elegido en 2000 para el mismo cargo.

Lo mismo hizo, guardadas las proporciones, Rodolfo Hernández Suárez, quien renunció finalizando su periodo como alcalde de Bucaramanga, antes de que lo destituyeran, para dedicarse a hacerle campaña a quien se convertiría en su sucesor. Hernández le endosó ciento cuarenta mil votos a un perfecto desconocido de quien se desmarcó rápidamente, y dio el salto a una exótica aspiración presidencial que, por poco, lo logra.

Desde la noche del sábado pasado el ambiente político, ya agitado de por sí, sumó la renuncia del alcalde de Medellín, el controvertido Daniel Quintero, quien dejó el cargo para acompañar a su candidato ungido, que pierde en todas las encuestas, a 28 días de las elecciones regionales. Quintero, dicho sea de paso, estuvo suspendido de su cargo el año anterior por haber hecho campaña a favor del entonces candidato presidencial, Gustavo Petro, mientras ostentaba el sitial de alcalde de la segunda ciudad más importante del país.

“Fue un gobierno caracterizado por las estrategias de propaganda, por la tendencia de Twitter, pero sin ningún resultado de fondo. Por el contrario, deja a la ciudad al garete, los colegios a punto de derrumbarse, el programa de Buen Comienzo en retroceso, los hospitales en problemas, las universidades públicas sin presupuesto para pagar a sus profesores, escenarios deportivos en un estado precario, por no hablar de EPM a la que exprimió sin consideración”, describió el periódico El Colombiano la tragedia que viven hoy los medellinenses.

‘Tirar’ el cargo debería ser castigado por alguna ley que limite los ataques de vanidad de los iluminados que suelen confundir la majestad de la administración pública con el acto circense de los payasos.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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