lunes 01 de junio de 2020 - 12:00 AM

Usar el sentido común

Entiendo el drama de los comerciantes -sus cuentas en rojo no dan más espera- que quieren aprovechar los tres puentes festivos que se avecinan, pero convertirlos en jornadas para las ‘ventas de locura’ es propiciar el ‘festival del contagio
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Hay que dejar el miedo”. Con esa frase, un poco temeraria tal vez, uno de los dirigentes gremiales de esta comarca nos invitó a que a partir de hoy vayamos a los centros comerciales porque, como no hay un solo paciente de covid-19 en alguna de las 375 unidades de cuidados intensivos que existen en el departamento, las posibilidades de contagiarse son cercanas a cero.

Patricio Meza, primer vicepresidente del Colegio Médico de Chile, país en el que las medidas de confinamiento han sido sectorizadas y más bien ‘elásticas’, dijo la semana pasada “si puedo dar un consejo a Colombia: por favor, cuídense”. El sistema sanitario austral está colapsado.

Para los epidemiólogos es claro que hay que tener miedo. Miedo de la indisciplina social, de la falta del más común de los sentidos -el sentido común- tan ausente en una sociedad como la nuestra, que privilegia sus apetitos por encima del otro. No hay que ir muy lejos para ver cómo las personas rompen el distanciamiento social, se tiran a las calles sin tapabocas, retan a la autoridad violando el toque de queda, no siguen las recomendaciones de protección y se le enfrentan al destino con esa falsa creencia de que “a mi no me pasa nada”.

Entiendo el drama de los comerciantes -sus cuentas en rojo no dan más espera- que quieren aprovechar los tres puentes festivos que se avecinan, pero convertirlos en jornadas para las ‘ventas de locura’ es propiciar el ‘festival del contagio’. Tan solo el último puente las autoridades se vieron a gatas para contener la cola de vehículos con destino a la Mesa de los Santos, el descansadero de los bumangueses, desatendiendo el llamado a quedarse en casa.

Como lo advirtió un tuitero que compartió su apreciación sobre el particular: “yo miro hacia la calle y siento que el único güevón que está en cuarentena soy yo”. Así nos sentimos a veces quienes atendemos las normas, de nada vale haberse cuidado en esta cuarentena si desde hoy nos desbocamos en la calle a tratar de recuperar lo que, por mucho tiempo, no será posible.

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