lunes 20 de enero de 2020 - 12:00 AM

Vendedores de humo

Los gobernantes se hicieron elegir para, precisamente, gobernar, no para salir en cuanta foto recordándonos su blanco diseño de sonrisa como si en las redes sociales estuviera la ejecución.
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Una cosa es la autenticidad y otra muy distinta aparentarla a través de situaciones que, sin necesidad de recurrir a estudios de maestría, resultan ridículamente forzadas. Por estas caléndulas viven dándose silvestres asesores de imagen quienes, para lograr mayor ‘engagment’ de los ‘steakeholders’ con sus públicos (pareciera requisito combinar el español y el inglés en cada conversación para sonar más actual), inventan por ejemplo que un presidente de un país suba en hombros a una niña y camine con ella por las calles destapadas de una región condenada al olvido estatal, que aquí abundan, para hacerlo más ‘cercano’ y lograr la foto con la que los medios de comunicación ‘echarán’ portada al siguiente día.

Ese presidente es el mismo que ha salido haciendo ‘cabecitas’ con un balón de fútbol o tocando guitarra, como si sus gobernados fuéramos estúpidos, mientras que las escuchas ilegales, los falsos positivos y los grupos paramilitares nos devuelven a un país que creíamos superado. Esos mismos sabios de la pasarela -que como las calles destapadas también se multiplican- obsesionados por cumplir con su promesa de valor ofrecida a sus clientes, que traducido a lo público significa esparcir la pócima que haga eterna la escurridiza popularidad, terminan construyendo cercos repelentes a su alrededor que los alejan de la realidad.

Lo auténtico no está en la pose, mucho menos en el maquillaje para el titular. Los gobernantes se hicieron elegir para, precisamente, gobernar, no para salir en cuanta foto recordándonos su blanco diseño de sonrisa como si en las redes sociales estuviera la ejecución. Es en la solución de los problemas de la gente en donde está la verdadera comunicación, los hechos son contundentes, lo demás se queda en buenas intenciones que el tiempo, luego, se encarga de volver humo.

Estos amigos de la buena imagen, ocupados con gran trabajo en este cambio de tercio en los gobiernos locales y regionales, han acudido ahora al recurso de arroparse con la cobija de la transparencia sin darse cuenta que su ambición, como los pies, corre el riesgo que luego de la noche, les amanezca destapada. Ahí es cuando huyen.

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