lunes 25 de marzo de 2019 - 12:00 AM

¿Y por qué no hablar de ella?

... dejamos que la política se nos volviera ajena, además satanizada, la convertimos en un problema que ojalá resuelvan esos “otros” que han estrangulado la política.

Que se hable de política, sí. Que nos quitemos las máscaras y, de una buena vez, pongamos sobre la mesa ese diálogo que, por motivos varios, lo evadimos como si tras de sí nos fueran a caer todas las maldiciones. Que bueno fuera que, desde muy jóvenes, aprendiéramos a discutir las diferencias políticas de manera civilizada, sin caer en los extremos, sin salir, literalmente, heridos.

Hace un par de semanas escuché a un educador refiriéndose, con un dejo de crítica, sobre esos acuerdos a los que se llegan en los grupos, incluidos los de WhatsApp, de no conversar sobre política, de prohibir incluso cualquier referencia sobre el particular. El experto, con razón, dejó esta pregunta al auditorio: ¿si no es ahí entonces en dónde?

“El hombre es un animal político”, es un argumento aristotélico que aprendimos en la clase de Filosofía, que hace referencia a la condición natural del ser humano de formar parte de una sociedad organizada, en la cual se tratan los asuntos públicos del gobierno y del Estado. Abstraerse de esa discusión es dejar que otros -unos pocos- decidan por la mayoría.

En Colombia, participar en política electoral cuando se ostenta la condición de servidor público está prohibido, pues el inmenso poder burocrático y clientelista así como el pavoroso festín de la ejecución de los recursos estatales han sido el karma de un país que, en materia de modernización democrática, avanza un paso y retrocede dos. No es un secreto que existe una participación soterrada de los gobiernos de turno que quieren endosar a su partido, cuando no a su microempresa electoral, la permanencia en el poder.

Llegamos a esos límites porque dejamos que la política se nos volviera ajena, además satanizada, la convertimos en un problema que ojalá resuelvan esos “otros” que han estrangulado la política. Nada más peligroso que esa percepción. Por esa brecha -que es más una tronera- es que “los políticos” se cuelan para empujarnos falsos mesías -que también Macías- los cuales se aprovechan de la ignorancia política para llevarnos como ganado al matadero. Hace falta educar en política, que no en politiquería.

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