Publicado por: Luis Pinilla Pinilla
Ante los actos de barbarie acaecidos en las últimas semanas, de los cuales el único que parece “disfrutar” es quien aprovecha la situación para “echarle leña a la hoguera” sosteniendo que “todo tiempo pasado fue mejor”; ante la barbarie, repito, lo más indicado es tratar de analizar la tragedia, no a través de hechos puntuales, sino en su contexto, única forma de encontrar caminos para la construcción de la paz. Para ello valga retrotraer esta reseña:
“Para pocos es un secreto que durante el proceso de diálogo entre los paramilitares y el Gobierno de Álvaro Uribe, los jefes de las AUC utilizaron la llamada zona de despeje de Santa Fe de Ralito para todo tipo de excesos. Fiestas con prepagos, whisky a chorros y bacanales fueron comunes allí y hoy no sorprenden a nadie. Tampoco escandaliza saber que en ese territorio en donde se concentraron una veintena de jefes paras con centenares de sus hombres, haya sido usado como escondite de narcos y que la zona de diálogo haya servido para continuar con negocios de narcotráfico.
Sin embargo, cuando ya se creía que muchas de las irregularidades habían salido a la luz pública, los archivos confidenciales del DAS, en poder de Semana, dejan al descubierto otros hechos sencillamente escandalosos.” (Semana, oct. 2011).
Lo anterior durante el Gobierno Uribe, siendo Juan Manuel Santos ministro de Defensa en buena parte de él; no pretendo aquí hacer juicio histórico de tan curiosa y crucial situación, me limito a decir que en todo el proceso de desmovilización de los paras, Ley de Justicia y Paz y el montaje con igual propósito de faracos, show de la Cacica La Gaitana, lo que se consiguió fue crear nuevas modalidades de violencia. Al igual que los actos de soberbia o de descarga del tigre que carga a sus espaldas, son palabras de Uribe, actitudes que poco bien hacen a la construcción de la paz.
Somos diferentes, no solo en palabras sino en nuestro diario accionar y si somos conscientes, lo aceptamos y lo vivimos, podemos “enriquecernos” en lo personal y también contribuir al engrandecimiento de la sociedad. Por el contrario, si no lo reconocemos y rechazamos nuestras diferencias, contribuimos a la generación de conflictos de distintas motivaciones e intensidades, incluido el desbordamiento de violencias; decía en mi artículo anterior y lo repito en éste, dado mi convencimiento sobre su filosofía.
Y como somos diferentes, nuestro interlocutor es diferente y las circunstancias cambian; lo cual hace inevitable que, si se quiere acertar, la política también debe cambiar. Como lo dijo Santos, en sus palabras, al asumir el Ministerio: “los únicos que nunca se devuelven son los ríos”.









