jueves 02 de enero de 2020 - 12:00 AM

Construyamos la paz y la prosperidad en el 2020

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En éstos días de reflexión y celebración, hemos traído a nuestras vidas y conversaciones, las inquietudes de los años vividos y de los que Dios quiera regalarnos hacia adelante, pensando en el futuro y disfrutando el presente que hemos construido con amor.

“Los años son un acicate para ver que el infinito está próximo, si mantenemos nuestras ansias de paraíso y nuestra sed de eternidad”. Cuando pienso en ello tengo que exclamar con el poeta Ramón Sender: ”¡Qué pequeñas son mis manos en relación con todo lo que Dios y la vida han querido darme al permitirme sentir, amar y expresar con la palabra y el amor, la maravilla de la vida”. Pese a la violencia en el transcurrir de nuestra existencia creemos con Sonia que la construcción de la paz es indispensable para que nuestra necesidad de infinito pueda colmarse y así vislumbrar la realización de nuestro sueño de paz, humanidad y verdad.

Augusto Ramírez-Ocampo como prólogo de mi libro “Violentos somos”, 2009: “La especie humana que ha sido capaz de inventar la guerra, también puede inventar la paz. La Paz y la Reconciliación son posibles en Colombia siguiendo el apremiante deber de cada ciudadano. La violencia no es una enfermedad congénita. Pero sí es muy contagiosa.”

Eduardo Galeano afirma: “La violencia genera violencia, pero también engendra ganancias.” Y quizás ese rédito es tras el cual han estado los Hombres que la alimentan y son culpables de la situación de muerte, orfandad, discriminación, y dolor en que ha vivido el ser humano por tan largos y diversos períodos. Pero como reflexiona Augusto, si el ser humano ha aprendido la guerra, también puede inventar la paz, esa paz que tanto anhelamos en la que todos tengamos lo necesario para lograr nuestro desarrollo y el de nuestra especie sin discriminar por raza, saber, condición de poder o de gloria. Todos tenemos un destino una tarea para desarrollar éste universo que nos ha sido regalado por el Creador.

Preguntémonos con Dulce María Loinaz, la poetisa cubana: ”Señor, que lo quisiste, ¿para qué habré nacido?/ ¿Quién me necesitaba, quién me había pedido?/ ¿Qué misión me confiaste? / ¿Y por qué me elegiste, yo, la inútil, la débil, la cansada...? La triste? La Navidad motiva hacia el infinito, momentos de oración, de entrega a ese Dios de una dimensión que nos atrae infinitamente; busquemos y pidamos una vida de paz, amor, sensibilidad y ternura que nos permita ser felices y plenos como fuimos imaginados y creados, ejercitando la libertad que nos hace humanos y creativos, como hermanos, con posibilidades de desarrollo y don hacia los otros.

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