jueves 19 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

“Dios no se cansa de perdonar”

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Ante la crisis social y humana por la que estamos atravesando, en Colombia y en el Mundo, con la venia de mi Iglesia Católica, fundamento mi artículo en lo que constituyó la prédica en la misa del domingo anterior, 15 de septiembre.

“Es maravilloso ver el rostro tierno y misericordioso de Dios delineado en cada una de las lecturas de este domingo, en el cual la Palabra nos invita a sentirnos hijos amados, hijos buscados, hijos perdonados, hijos tratados con amor y compasión.”

“Todos nos hemos perdido alguna vez, hemos construido nuestros becerros de oro para reemplazar a Dios. Quizá este becerro ha sido o es el alcohol, la sexualidad desordenada, el robo, la infidelidad, el odio, la envidia, entre otros; pero hoy el Señor nos quiere recordar con su palabra que nos está esperando, que su amor es más grande que cualquier situación de nuestra vida, que sus brazos siempre están o estarán abiertos para acogernos y festejar con nosotros la alegría del retorno a casa.”

“Para Dios no hay causas perdidas, Él no se cansa de perdonar, como nos lo ha recordado el Papa Francisco. Pidámosle, pues, a este buen Dios, que hoy seamos capaces de mirarlo como nuestro Padre amoroso y dejemos así que Él cree en nosotros corazones limpios y puros, capaces de responder a su amor.”

Ahora bien, dentro de esta predicación, a los cristianos nos corresponde tener presente la liturgia del sacramento de la penitencia, que predica: a) examen de conciencia, b) contrición de corazón, c) propósito de la enmienda, d) confesión de boca, e) satisfacción de obra.

Como coincidencia, mientras estoy en mi labor de escritura oigo a Arnulfo Briceño cantar su canción “A quien engañas abuelo”, en la cual “... a unos los matan por godos a otros por liberales”, lo que me lleva a recordar cuando a los gritos de “viva el partido liberal, abajo los hijueputas godos”, asesinaron a mi padre. Dios me llevó a perdonar en tal forma que 22 años después, sin odios ni rencores, pude ejercer la Alcaldía de Barrancabermeja, viendo diariamente, desde el balcón de mi oficina, la puerta que derrumbaron para incurrir en mi hogar y asesinar a mi papá. Lugar donde hoy se encuentra la “Plaza Cívica de La Paz - Luis Pinilla Rueda”.

Con la venia de mi periódico y de mis lectores, por el tema cuasi religioso de hoy, me atrevo también a concluir mi artículo con palabras de mi artículo anterior: Que bueno fuera que en Colombia, en el mundo, pudiéramos construir una cultura de la paz que nos permitiera vivir una vida de verdadera felicidad.

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