jueves 03 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

El Capo

'La verdad y la mentira han jugado una interminable partida de cartas', dice algún pensador de la estética refiriéndose al Arte. Y lo podemos aplicar a nuestra historia, quedando la impresión de que en ella se han usado cartas marcadas; que no siempre se ha estado en igualdad de condiciones en el desarrollo de la partida que hemos visto jugar en el país y el mundo. Los medios de comunicación nos han formulado una 'historia' de nuestra historia que no siempre corresponde a la real. Y acabamos, como dice Thomas Jefferson, conociendo una sencilla fábula de la historia que todos terminamos aceptando.


Lo sabemos los historiadores que pretendemos profundizar en los hechos, sus motivaciones y consecuencias. No se trata solo de emitir juicios morales sobre lo que está pasando, sino de descubrir desde lo político, las corrientes sociales, las dinámicas internas de la sociedad para tratar de llevarlas hacia el bien común, sin desorientar el camino.

Viendo el inicio de la nueva telenovela de uno de los canales, pareciera buscar sobre dimensionar el actuar de personajes que han causado tanto mal a nuestro país, a sus costumbres, sus valores y a los que debemos múltiples crímenes. La acompañan, propaganda permanente, programas de opinión en los que se habla de 'capo que se respete...' cuando hay tantos temas sobre los que es necesario crear opinión. Esto no aporta nada a la situación actual de nuestros ciudadanos y especialmente de nuestros jóvenes.

Ya se discute en conversaciones banales de diferentes sitios si es o no la historia de Pablo Escobar y el paraíso que por largo tiempo logró construir, con la exaltación de costumbres amorales con mujeres, riquezas, autos, residencias y dinero ganado con el dolor y la muerte. Realidad presentada con la ligereza pero también con la magia de cuando los hechos se novelan y se les despoja de la responsabilidad social que han tenido en la actual situación. Como dice el poeta Juan Manuel Roca en 'una baraja de asombros, al horror se agrega más horror', como en resplandeciente espejo, vuelve El Capo transformado y atrayente. Y luego nos quejamos de la pérdida de valores que estamos sufriendo.

Ser historiador es un trabajo de toda una vida y no se lo podemos dejar a instancias y personas que no lo son. La verdad y la mentira juegan una partida acomodada y continuamos olvidándonos de que necesitamos la verdad, conocer cómo fue el pasado, pero a la luz crítica de sus consecuencias en el presente, no podemos seguir enseñando una historia hecha según los intereses de quien tiene el poder para transformarla en una historia falaz y usando los medios para propagarla. 'Pueblo que no sabe su historia es pueblo condenado a irrevocable muerte. Puede producir brillantes individualidades aisladas, rasgos de pasión de ingenio y hasta de género, y serán como relámpagos que acrecentará más y más la lobreguez de la noche', Jacinto Benavente.

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